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14 nov 2013

Jornadas literarias de la Semana Gótica y reunión anual de Nocte

Este fin de semana hemos entrado en la recta final de la Semana Gótica de Madrid, marco en el cual se integra la reunión oficial de la Asociación Española de Escritores de Terror y Fantasía Oscura (Nocte). Han sido tres días intensos cargados de actividades literarias en cuyo seno hemos bebido y comido y sobre todo hablado mucho, mucho de literatura: de autores y lectores, de editores y editoriales, de géneros y prospectivas, del futuro del género y de montañas de libros, un intercambio de opiniones que particularmente a mí, que soy un bisoño en estos menesteres, me ha resultado muy enriquecedor.

Entrega de los premios Nocte
Juan A. Laguna, presidente de Nocte, y David Jasso, presi-
dente honorífico, entregando "el cucaracho" a Nuria C. Botey.
Junto a otras actividades preparadas por los organizadores de la Semana Gótica, como lecturas, exposiciones de arte, conciertos y hasta pasarelas de moda, los eventos perpetrados por Nocte han ido desde la confección de mesas redondas, presentaciones de libros y conferencias hasta la entrega anual de los galardones más importantes del terror en nuestro país: los premios Nocte. Pilar Pedraza, F.G. Haghenbeck, Nuria C. Botey, Fernando Cámara y Anna Starobinets han sido los afortunados que se han alzado con tan distinguido laurel en las categorías, respectivamente, de mejor novela nacional (Lucifer Circus, Valdemar), mejor novela extranjera (El diablo me obligó, Salto de página), mejor antología nacional (Vosotros justificáis mi existencia, Saco de Huesos), mejor relato nacional ("La bici amarilla", incluido en La ciudad vestida de negro, Drakul) y mejor relato extranjero ("Una edad difícil", incluido en Una edad difícil, Nevsky Prospects). Tras la entrega de los trofeos, consistentes en una representación tridimensional del logo de Nocte creada magistralmente por el escultor Rafa Rius, los miembros de la asociación nos dimos un buen homenaje en el restaurante Madrid Madriz, junto con los premiados o sus representantes (los editores de Valdemar y Salto de página) y otras figuras importantes del círculo literario. Lo que pasó después, en las copas, como se suele decir, se queda en las copas.

El conjunto de eventos se enclavó en el museo del Romanticismo, un marco incomparable, apropiado como centro neurálgico de la Semana Gótica y las actividades de Nocte.

Me quedo, no obstante, con la gente, con el factor humano de las jornadas. Conocí a muchas personas interesantes, y al fin pude ponerles voz a amigos de Internet que cada día me regalan sus enseñanzas y me enriquecen como escritor merced a su pluma, su generosidad, su pasión y su enorme talento. He regresado muy feliz a casa y cargado de experiencias positivas, aunque exhausto de cuerpo y mente tras una sobredosis intensa de literatura. El otoño que viene volveremos a tener una cita obligada; la Semana Gótica se perfila, año tras año, como un encuentro literario temático de primer nivel. Mientras tanto, habrá que ponerle un ojo a la eminente Hispacón.

27 oct 2013

Los nombres muertos, de Jesús Cañadas

Portada de Los nombres muertos, novela de Jesús CañadasA Jesús Cañadas le gustan los secretos. Le encantan las historias llenas de misterios, los entramados de acertijos que enredan al lector, que lo obligan a tirar de la madeja de la literatura con cierta avidez por saber qué va a pasar después, hasta que ha deshilvanado toda la trama. Supongo que empezó buscando este tipo de historias en su rol de lector y, como todo buen juntaletras, acabó escribiéndolas él mismo. Ya demostró esta fascinación por lo oculto en su ópera prima, El baile de los secretos (reseña por aquí), una de esas novelas que se te quedan ancladas en la mente y que verifican muchas cosas, entre ellas el talento narrativo de este autor en ciernes. Un talento, a la sazón, aún por explotar, por pulir. El baile de los secretos constituyó una carta de presentación genial, pero adolecía de ese exceso en el estilo tan propio de muchos autores noveles. Los nombres muertos, su segunda novela, recién publicada por el joven sello Fantascy de Random House Mondadori, tiene todo lo bueno de El baile de los secretos, que es mucho, pero al mismo tiempo está purgada de grandilocuencias, por lo que representa la madurez de un escritor que se perfila como uno de los puntales del panorama actual de la literatura patria de género.

Los nombres muertos (454 de Angell Street en su estado embrionario) cuenta la historia de una extraña búsqueda: la que emprende el escritor Howard Phillips Lovecraft, acompañado de un puñado de buenos amigos, en pos del Necronomicón, un libro diabólico escrito con sangre que no debería existir porque solo es un medio narrativo ideado por el propio Lovecraft. La premisa, de por sí, resulta interesante y presagia grandes aventuras en un universo a un tiempo metaliterario y puramente lovecraftiano, en el sentido más literal. Pero el resultado es mucho mejor de lo que se promete. Cañadas trenza con habilidad géneros tan dispares como el noir y la aventura, el terror y el thriller, todo ello aderezado de buenos personajes, cierto regusto a folletín pulp y unas dosis muy medidas de humor inteligente.

Entre los muchos aciertos de la novela podemos destacar la cuidada elección de sus protagonistas. Los nombres muertos puede integrarse dentro de ese subgénero literario que pone a un escritor mítico en el rol de personaje y lo envuelve en un escenario basado en sus propias historias; el ejemplo más cercano lo tenemos en Félix J. Palma y su trilogía victoriana, en la que se hace lo propio con H. G. Wells. Los nombres muertos, por su parte, ubica al rarito de Providence en el centro de la acción y lo inunda con sus propios mitos, pero Jesús, consciente de que todo eso son simples recursos, en ningún momento pierde de vista su meta: contar una buena historia de suspense. Lovecraft es Lovecraft pero también un personaje fruto de la mente de Jesús Cañadas. Lo mismo pasa con Sonia Green, Frank Belknap Long y Robert Howard, en los cuales podemos apreciar las personalidades que encarnaron pero también una conveniente adaptación a la historia que se cuenta, formando así un trío de secundarios escrupulosamente calculado, que se complementan a la perfección. Eché de menos, todo hay que decirlo, a Clark Ashton Smith, figura vital dentro del círculo de Lovecraft que se merecía cuando menos un honroso cameo en la novela. De algo tendré que quejarme.

El estilo de Jesús Cañadas en Los nombres muertos resulta fluido y agradable, pero dista mucho de ser simple. La novela está cargada de hermosos hallazgos literarios que no entorpecen el ritmo de la novela sino que a todas luces la enriquecen. Cañadas se ha medido esta vez y ha esparcidos dichas perlas literarias a lo largo de toda la obra, con un pulso estratégico muy acertado: el rodaje como autor se le nota, y aquí el resultado ya es de diez.

A Jesús Cañadas le gustan los secretos, y también los guiños y homenajes, que no dejan de ser más secretos enterrados en sus páginas. Y Los nombres muertos, como su novela de Ajec, también los tiene. Homenajes a los autores de la época y a la propia literatura, a los lectores del fantástico. Homenajes al cine de los ochenta, a las revistas pulp y a la serie B en general. Pero, sobre todo, abundantes guiños a las andanzas de Indiana Jones. Y es que Los nombres muertos puede disfrazarse de muchas cosas y abordar numerosos palos, pero por encima de todo es pura aventura, con todos los ingredientes necesarios para simplemente pasar un buen rato leyendo. En sus páginas hallaremos misterios, sorpresas, persecuciones, disparos y puñetazos, localizaciones exóticas, sociedades secretas, villanos enigmáticos, alianzas impensables y muchísima acción. Se dibuja en algunos escenarios terroríficos pero no es una novela de terror. Tiene de protagonistas a grandes figuras del fantástico pero no es una novela fantástica. Se trata de una suerte de ucronía encubierta, un espejismo histórico con una base muy real. Cañadas se ha documentado hasta la obsesión para otorgar verosimilitud a su obra pero no ha dudado ni un segundo en retorcer los hechos cuando esto beneficiaba a los intereses de su narración. Así que, amigos historiadores, mucho cuidado al asomaros a esta novela, porque Cañadas no os ha hecho ninguna concesión: ofrece una de cal y otra de arena a partes iguales. En cualquier caso, y a pesar de constituir un sacrilegio para muchos (historiadores puristas pero también fandomitas radicales, a quienes se les revolverán las tripas al leer algunas secuencias escritas con muy mala leche), todas esas arriesgadas decisiones argumentales han logrado que el trabajo final sea sin duda más redondo.

A Jesús Cañadas le gustan los secretos. También la buena literatura como lector y, afortunadamente para nosotros, como escritor. Que siga arrojándonos novelas como esta durante muchos años de prosperidad literaria (con la venia del gran Cthulhu, claro). Los lectores, el género y la propia literatura saldremos ganando.

19 sept 2013

Bodegón de carne y pellejos: Naturaleza muerta

Naturaleza Muerta, de Víctor Conde
Retales de carne ambulantes, parodias leprosas de antigua vida. Caminantes. Pululan por doquier, infestan los supermercados, las librerías, las salas de cine, las televisiones y los videojuegos. Zombis, los llamamos. Han ido plagando los medios gradualmente, arrastrándose con sus lentos pasos, y de constituir un subgénero muy hundido en el terror underground han pasado a asaltar estanterías del mainstream y alcanzar la categoría de género por derecho propio. Un género tan amado como denostado. Nos invaden, las obras de este género nos asedian, como las propias criaturas que pueblan sus páginas, fotogramas y bits. Clónicos, espejados, centuplicados. La moda pasajera, ¿o no tanto?

Los hay quienes los desprecian, quienes combaten contra ellos con la motosierra y el hacha de sus plumas y voces, atribuyéndoles a sus seguidores la misma escasez cerebral que las aclamadas criaturas. También hay quienes se limitan a disfrutarlos sin mayores prejuicios, sin importarles si están gastados o no, porque, demonios, pese a todo, ¡qué divertidos son! Y hay quienes, aún amándolos, agotados por la reiteración de la fórmula buscan la reinvención del género, ya sea como lectores o escritores.

Un botón de muestra: se dice que The Walking Dead, work in progress del noveno arte conducido por Robert Kirkman y mudado a la pequeña pantalla por Frank Darabont, supone una rara avis dentro del panorama zombi. Que resulta una serie innovadora, porque se centra en las reacciones de los personajes, en sus rencillas y vivencias, en cómo van evolucionando para adaptarse a un mundo en que ya solo imperan las necesidades más básicas. Pero no nos engañemos: nada de esto es nuevo. Esa idea ya estaba ahí desde la fundacional cinta de George A. Romero, La noche de los muertos vivientes, en eso consistía precisamente su planteamiento. ¿Qué innova entonces la serie de Robert Kirkman? Bajo mi punto de vista: nada. Parte de su éxito se basa precisamente en lo contrario, en dejar intactas las bases. Y jugar con ellas es la otra cara del logro, construir encima una serie larga, sin final aparente, una telenovela zombificada que nos permita dilatar la evolución de los protagonistas y, por ende, identificarnos más con sus emociones y motivaciones (prerrogativa que, por otro lado, comparten todas las series). En boca del propio Kirkman: “Para mí, lo peor de las pelis de zombis es el final. Siempre quiero saber qué pasa después. Conocemos al personaje, vive una aventura y bum, aparecen los títulos finales. La idea que hay tras mi serie es la de seguir con el personaje durante todo el tiempo que sea posible. Nunca nos preguntaremos qué le pasa luego a Rick, lo veremos. The Walking Dead será la película de zombis que nunca acaba”.

Y esto ocurre también con los zombis literarios: muchos se promocionan como la reforma definitiva del género cuando lo cierto es que son más de lo mismo. Sin embargo, hay obras que sí resultan verdaderamente revolucionarias, o al menos gozan de ese potencial (la mayoría pasa desapercibida entre sus hermanos de más calado). Siguiendo con la tónica de los botones, La sonrisa de los muertos, de Daniel Pérez, y American Zombie, de Miguel Barqueros, son dos de estas propuestas. La primera, aproximando el descerebrado antropófago a la clásica figura del vampiro; la segunda, mezclando hábilmente lo hortera con el gore más visceral. Naturaleza Muerta, de Víctor Conde, constituye sin duda otra de estas excepciones. La novela adjunta devoradores de carne, no lo vamos a negar. Y diré más: son los clásicos, los romerianos de toda la vida. Sin embargo, Víctor Conde ha logrado de algún modo que los muertos vivientes (pellejos, los llama él) figuren al fondo del escenario, al fondo pero del todo, como maniquís de atrezo que simplemente refuerzan lo grotesco del decorado.
Víctor Conde, canario galardonado con el prestigioso Minotauro, nos resume su novela en la contraportada: “Un mundo devastado por una catástrofe de proporciones bíblicas. Siete supervivientes en un tren hacia ninguna parte. Siete personas muy distintas, asustadas, cada una con su propio secreto inconfesable. Por las calles de todas las ciudades del mundo caminan legiones de muertos vivientes, devorando cada ápice de carne viva que cae en sus manos. Y todos ellos buscan algo, ¿pero qué? ¿Qué ha causado la catástrofe? ¿Por qué solo han sobrevivido siete personas, y adónde las lleva ese tren? La respuesta podría ser algo extremo y aterrador, algo para lo que ninguno de ellos esté preparado”.
Naturaleza muerta es rápida, onírica, coherente, barkeriana y lírica. De este libro me gusta todo: los personajes, la prosa, la atmósfera, el ritmo. Los oscuros pasados de los protagonistas, como en el mejor Perdidos, se entretejen con la trama principal con naturalidad. Las voces de cada historia, elegidas con escrúpulo, cobran una inflexión propia sin desentonar con el conjunto. Uno de los fragmentos más incomprendidos de la novela es el flashback de Blanca, la colegiala. En mi opinión dicha escena es crucial por motivos puramente estéticos, ya que aporta ese toque chillón que la gran pintura que es Naturaleza Muerta precisaba para rematar un todo macabro, teratológico, truculento. Asimismo me seduce la idea que subyace bajo esta pequeña gran obra, el final críptico tras el cual late una de las tentativas más arriesgadas de la literatura especulativa: aunar ciencia y religión sin que el todo chirríe. Y este libro lo consigue. Y no chirría.
Estamos ante una de esas novelas que invitan a profundizarla, a descubrir más datos sobre ella y su autor en Internet, una vez que has acabado la última página. Yo lo hice, y asistí atónito a un espectáculo digno del propio libro: en cierto foro, la novela era infamada en una calculada maniobra destructiva mientras el propio Víctor Conde, que como buen autor curioso gusta de mezclarse entre los lectores para conocer de primera mano sus opiniones, aguantaba el chaparrón como podía, infiltrado entre los foreros. Ahí descubrí al autor más allá de la novela y ahí empezó este tipo a caerme bien, antes de tenerlo de compañero en Nocte. Porque en ningún momento perdía las composturas: se enfrentaba a aquellos zombis internautas con el disparo al cerebro de un talante envidiable. Uno de los defectos que se le achacaban, recuerdo, era su valentía al escindirse de los tópicos. Los muertos vivientes de aquel espacio exigían más podridos clónicos, espejados, centuplicados. Más Romero puro, menos experimentación. Afortunadamente, aún queda Conde para rato, que incluso está jugando con la depravada idea de escribir una segunda parte.
Al final, parece, los muertos vivientes somos legión. Desde los que como zombis reprueban el género con críticas manoseadas hasta los que injurian al que se esfuerza por superar el cliché. Este blog, por ejemplo, es otro zombi. Los molinos cibernéticos son cadáveres de viejas aceñas, y hay asimismo un Quijote Z. Víctor Conde es un zombi, Robert Kirkman es otro zombi y tú y yo también: todos sin excepción somos zombis.
Reseña escrita originalmente en septiembre de 2012, pero aún inédita.

31 ago 2013

En la feria tenebrosa. Reseña y guía

En la feria tenebrosa, portadaHace poco hablábamos en este artículo de los librojuegos, ese género exótico denostado por algunos, amado por muchos, que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar a estos últimos. Hoy quiero presentaros el ejemplo perfecto del librojuego perfecto: En la feria tenebrosa (Saco de Huesos, 2013). Un librojuego moderno que, para más inri, ha sido diseñado por escritores españoles profesionales.

El argumento y el contexto se escinden de los habituales en este tipo de libros (que suelen ambientarse en escenarios épico-medievales y versar sobre la búsqueda de tesoros o el enfrentamiento entre el bien y el mal). En la feria tenebrosa nos introduce en el papel de un adolescente que asiste a una feria nueva afincada en las afueras del pueblo, para pasar una velada agradable en compañía de su novia. Pero ella no se presenta en el sitio acordado y la feria da muestras de no ser lo que parece. Hay algo engañoso detrás de su inocente apariencia de festejo y felicidad, un pálpito inicial que pronto se traducirá en hechos y que viene a definir nuestro objetivo en el libro: encontrar a Sofía y salir por patas de ese recinto de malignidad y muerte.

La feria está dividida en dos grandes explanadas salpicadas por atracciones a cual más extraña, sorprendente y peligrosa. Nuestra libertad a la hora de movernos por la feria será total; nos serviremos del mapa incluido en las primeras páginas del libro para guiarnos en este microcosmos de pesadilla. Saltaremos a nuestro antojo de una a otra atracción, si es que no nos dejamos la piel en el camino. Visitaremos la carpa de las Sombras Chinescas, la Casa Magnética, el Circo de los Monstruos, la atracción de los Piratas, la Casa de los Espejos. Nos perderemos en el Laberinto del Terror e ingresaremos en los pequeños mundos contenidos en el temerario Viaje por el Nilo, el misterioso Callejón sin Salida, la histriónica carpa de los Títeres. Y podremos, en todo momento, aproximarnos al Rincón Arcano para adquirir equipo que nos facilitará mucho las distintas incursiones que estamos destinados a emprender por esta zona maldita.

¡Diez! han sido los autores responsables de la parte literaria del asunto. Diez escritores conectados por Nocte (Asociación Española de Escritores de Terror), diez autores consagrados, de largas trayectorias literarias, algunos de ellos con premios importantes. Gente de la talla de Miguel Puente, Fernando Lafuente, Jacobo Feijóo, Pedro Escudero, Roberto J. Rodríguez, Fermín Moreno, Joaquín Fernand, Víctor Conde, Ángel Sucasas y José Alberto Arias, ahí es nada. El resultado garantiza un nivel estilístico y narrativo de primera. Sin embargo, confieso mis recelos apriorísticos en cuanto a la coherencia del conjunto. No es nada fácil diseñar un librojuego por una sola persona; hacerlo entre diez se me antojaba disparatado. Pero me equivocaba del todo. El resultado goza de una coherencia absoluta y de una jugabilidad envidiable, hasta el punto de que es uno de los librojuegos mejor diseñados a los que he podido asomarme. En este sentido, la labor de los coordinadores del proyecto ha resultado fundamental. Pero vayamos por partes. Dividamos el estudio de la obra en su parte literaria (libro) y su cara lúdica (juego).

Empecemos por la parte literaria. En la feria tenebrosa es narrativamente una gozada. Vale que la premisa es muy simple, pero todo es deliberado: un librojuego debe partir de un objetivo sencillo y potenciar la ambientación y las subtramas, de forma que la complejidad argumental vaya del todo a cada una de las partes. Es así como funciona y los chicos de Nocte lo saben. Que no os engañe por tanto el cliché de la propuesta, porque el libro está cargado de detalles originales y, sobre todo, de un escenario que parece que respira en cada sección. Los autores han sabido dotar a la feria de una atmósfera misteriosa y oscura, tétrica, ambigua. Macabra y maravillosa a un tiempo. Una atmósfera que arrastrará al lector hacia el corazón de las páginas y que constituye la esencia del libro. Aquí es donde se aprecia la mano de los expertos en terror que son sus autores. Y lo mejor de todo es que los diez cerebros trabajando en comandita dan lugar a una variedad de mundos que, sin abandonar esa ambientación que une a todas las atracciones, enriquece ostensiblemente el conjunto. Y aunque se aprecia sutil la mano de cada autor, también es palpable el esfuerzo por aunar estilos que han empeñado autores y coordinador. Todos los textos son concisos, espartanos, con las descripciones justas, lo cual no denota mala calidad literaria sino todo lo contrario (hay que ser muy buen escritor para atomizar bien). Los autores, sabedores de que un buen librojuego debe potenciar su lado lúdico con un estilo literario mínimo para que el texto no eclipse la diversión, han medido el tamaño de los párrafos con celo sin renunciar por ello al buen hacer literario. Y otro detalle que no pasa por alto es el sutil toque humorístico con que los autores engalanan cada escena. Esto también es intencionado, porque todos los autores le dan el mismo punto y el conjunto sigue sin chirriar. Fernando Lafuente acierta cuando declara en entrevistas que el libro tiene algo de J. H. Brennan (creador de La búsqueda del Grial). En la feria tenebrosa homenajea los grandes librojuegos de los 80, cogiendo lo bueno de cada uno sin renunciar a un estilo único, con un sabor muy "nocteño".


Mapa de la Feria
Mapa de la Feria
En cuanto a la jugabilidad, insisto en que nos hallamos ante uno de los mejores librojuegos jamás diseñados. La mayoría de sus autores son veteranos lectores del género y han volcado todos sus conocimientos para forjar una experiencia de juego perfecta. En primer lugar, merced a un sistema de juego exótico pero sencillo, que no vuelve pesados los combates pero les dota de gran riqueza gracias al empleo de armas y al uso adicional de los puntos de Héroe (el consabido metadato). Y, en segundo lugar, por la medida dificultad del juego. Reconozcámoslo: los libros de Lucha-Ficción estaban muy bien porque eran sencillos y directos, y además tenían el mérito de ser los primeros; pero en cuanto a jugabilidad, dejaban mucho que desear. Empezando por esa tirada inicial de Destreza que determinaba el éxito de la empresa antes siquiera de empezar la partida, y acabando con cada una de las tiradas del juego. Recuerdo que, en la introducción de los libros, el autor nos aseguraba que el camino correcto conduciría a la victoria con independencia de los dados. Mentira cochina. En este sentido, Laberinto mortal, tan venerado por muchos, era un auténtico pestiño. Sin olvidar lo poco intuitivas de algunas decisiones, en las que la mera elección de tomar el ramal de la izquierda o el de la derecha suponía la diferencia entre la vida y la muerte. Todo esto lo han sabido ver los chicos de Nocte y han creado un librojuego pulido de menoscabos. Un librojuego en el que las tiradas de dados van a proyectar ese toque de emoción tan necesario en el género, por supuesto, pero que realmente no constituyen más que un mero trámite si sabemos jugar bien. Los riesgos se minimizan si elaboramos una buena estrategia (por ejemplo, visitando las atracciones en el orden adecuado), si gestionamos bien los puntos de Héroe, si tomamos las decisiones correctas y realizamos las investigaciones oportunas. Aquí sí que todo depende de nosotros y nuestro juego, no de las tiradas. La labor de investigación es crucial en La feria: los personajes ocultan secretos, y si logramos desvelar algunos de ellos nuestras posibilidades de supervivencia se incrementarán notablemente. Así, el libro está pensado de tal modo que nos va a resultar muy difícil pasárnoslo con éxito en las primeras partidas, pero en cuanto entendamos la mecánica subyacente se nos hará fácil. Rejugable pero no imposible. Para mí, ese es el camino y la temperatura de dificultad perfecta para un librojuego. Y los artistas de Nocte lo han conseguido.

Quedan detalles por mencionar. Por ejemplo, no puedo pasar por alto los fabulosos enigmas y acertijos que los autores han diseminado cuidadosamente a lo largo de toda la feria, desde adivinanzas clásicas hasta códigos secretos a lo Brennan, pasando por juegos de lógica y hasta de pensamiento alternativo. La dificultad, aquí, también ha sido regulada y no hay ningún acertijo que no resulte asequible a la inmensa mayoría de los lectores. En mi opinión, un librojuego gana muchos enteros si está provisto de una buena ración de acertijos, que le dan un toque exótico y aumentan su calidad lúdica. Y para los que no gusten de estas comeduras de tarro enlatadas he de añadir que uno puede pasarse La feria sin haber acertado ni uno solo de los acertijos.

Y qué decir de las magníficas ilustraciones de Pedro Belushi. Hasta en esto es original En la feria tenebrosa, ya que el estilo de Belushi no es precisamente corriente y sin embargo se adapta a los textos de los autores como un guante. Y no hay pocas ilustraciones en La feria. El libro está plagado de ellas, que van desde los vislumbres panorámicos de cada una de las atracciones hasta las estampas amenazantes de enemigos concretos. Tampoco puedo olvidarme, dicho sea de paso, del excelente acabado del libro. Me ha sorprendido el buen hacer de los chicos de Saco de Huesos (encabezados por M. Puente y J.A. Laguna), ya que la maquetación es muy superior a la de muchas editoriales de renombre, y estamos hablando de un libro cuyo trabajo de edición ha debido de ser arduo en el mejor de los casos. El empeño, el cuidado y el cariño se traducen en un trabajo bien hecho en todos los aspectos. Sé de buena tinta que todos los implicados han sudado sangre para sacar este proyecto a la luz, y por mi parte he de decir que el resultado sin duda ha merecido la pena.

¿Problemas jugando a La Feria? A continuación te ofrecemos nuestra particular Guía del Juego. Pero ¡atención!, has de saber que esta guía contiene numerosos espóilers. Se recomienda encarecidamente jugar al libro sin ayuda; se disfruta mucho más, y la victoria resulta más satisfactoria. Aconsejo su lectura solo en caso de que la resolución del libro presente serias dificultades. Si a pesar de todo decides seguir adelante, haz click aquí.

11 ago 2013

El Teatro de los Prodigios, nominado a dos premios Ignotus

Mi antología de relatos de género, El teatro de los prodigios, publicada en julio de 2012 por la editorial Ajec, ha recibido dos nominaciones a los prestigiosos premios Ignotus, los más importantes del fantástico en España, en las categorías de mejor cuento y mejor novela corta.

Premio IgnotusEl premio Ignotus, otorgado por la AEFCFT (Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror), galardona las obras de autores españoles y extranjeros publicadas en España durante el año anterior al fallo del mismo.

Los ganadores se elegirán en noviembre, tras una segunda fase de votaciones, y los premios se entregarán en el marco de la Hispacón, probablemente en diciembre. La cosa está bastante reñida, ya que figuran verdaderos monstruos del fantástico patrio entre los candidatos. Pero encontrarme entre los finalistas ya es motivo de orgullo para mí y mi teatro de pequeños dramas.

Aprovecho esta entrada para anunciar las últimas reseñas de El teatro de los prodigios que han aparecido en Internet, algunas bastante recientes (sí, aún siguen saliendo, un año después de su publicación):

* Reseña en La espada en la tinta

* Reseña en Círculo Ánimas, Uni Radio Jaén

* Reseña en OcioZerio

* Reseña en Caminando entre libros

* Si deseas leer las reseñas anteriores, pincha en este enlace.

Por último, os informo de que El teatro de los prodigios ha sido liberado amablemente por la editorial Ajec, y que puede obtenerse gratis en formato electrónico en las siguientes direcciones:
El teatro de los prodigios versión mobi

Un saludo y gracias a todos los que os habéis animado a asomaros a estos nueve relatos prodigiosos.

14 feb 2013

Tetrammeron, de José Carlos Somoza

Tetrammeron, de Jose Carlos SomozaHoy os traigo un libro que se presenta dentro de una caja de color caoba con una cerradura en el centro. O tal vez no es color caoba sino rojo, rojo erotismo y rojo sangre, aunque puede que también azul abismo, negro umbría y blanco abandono. Tetrammeron (Seix Barral, 2012), la undécima novela de José Carlos Somoza, es una de las más extrañas, inquietantes y maravillosas que he tenido el placer de devorar este año. Se trata de mi primera incursión al universo oscuro de este autor, y con ella me ha ganado para siempre. Como la protagonista de la novela, yo ya he dado un paso que se me hace imposible deshacer.
 
Me siento al ordenador y las ideas se me traban en la mente. Por primera vez me cuesta horrores arrancar una reseña. ¿Cómo describir la desazón, la atmósfera opresiva, la belleza de la maldad, la inocencia mutilada, la devastación de la niñez? Respuesta: no se puede. Para acceder al mundo de Somoza, no hay otro camino que leer a Somoza.
 
Tetrammeron narra la historia de la niña Soledad, o de los últimos instantes de Soledad en cuanto niña. Durante una excursión del colegio atraviesa una puerta que no debe, la puerta del sótano de una iglesia; una puerta prohibida que la conduce a todo un cosmos de prohibiciones contenido en una habitación subterránea y regentado por cuatro misteriosos cuentacuentos. Así comienza un perturbador descenso al abismo de marcado carácter sexual en el que los cuatro alegóricos personajes van despojando a la niña de tal epíteto al tiempo que la sustraen también de sus ropajes, cuento a cuento, palabra a palabra, puñalada a puñalada. Toda infancia se aboca irremediablemente a su propia destrucción, parece revelarnos Somoza. Destrucción con renovación en forma adulta, pero destrucción al fin y al cabo, dolorosa y temible. Irreversible.
 
El título de la novela, Tetrammeron, refiere en línea recta al Decamerón de Bocaccio. Su estructura es similar: historias engarzadas en un hilo narrativo común. Sin embargo, sospecho que su inspiración no hay que buscarla en la obra magna del humanista italiano, no al menos de forma directa, ya que su verdadera referencia parece ser El círculo de Jericó de César Mallorquí (una de las mejores antologías de autor único jamás publicadas en castellano). Los elevados paralelismos entre ambas trascienden toda casualidad, más aún intuyendo que ambos autores se conocen. Así y todo, Tetrammeron no se limita a ejercer de mero pastiche, sino que parte de la idea general de Mallorquí para crear algo distinto (no mejor ni peor; solamente distinto). Por ejemplo, tanto El círculo de Jericó como el Decamerón o Los cuentos de Canterbury constituyen antologías de relatos, mientras que el Tetrammeron es sin duda una novela, un rosario narrativo hilado de pequeñas cuentas interrelacionadas. Los relatos no funcionan del todo solos, sino como parte de un conjunto. Es al irlos leyendo y establecer las conexiones cuando uno va exhumando el significado global. Historias en apariencia muy distintas se revelan conectadas, como "La decoración", "La boda de la señora Boj" y "Corpus Christi" (tres de los mejores cuentos), en las cuales se acomete el tema del sacrificio desde una perspectiva cada vez más radical. O "El espíritu Curie" y "Partículas", donde se descubre lo grande e indestructible que es el mal precisamente por ser diminuto, tan minúsculo que se halla injertado en todas las cosas, que forma parte intrínseca del universo; también del universo personal, tanto físico como emocional, de cada uno de nosotros.
 
El mal, ese es el tema principal de la novela. El libro ahonda en la naturaleza del mal, el mal como necesidad, el mal como juego, el mal como capricho y, por supuesto, el mal como filia y erotismo. Cada cuento aborda una de las caras de lo maligno, y todos ellos juegan con el recurso emotivo de enfrentar el mal con la antitética figura de la infancia, tan frágil e inocente. Lo cual podría denunciarse como una trampa fácil en manos de un autor con menos recorrido, pero Somoza es un maestro que renueva los clichés con una pátina de extrañeza, sordidez, tinieblas, sensualidad, delirio. Para alcanzar tales proezas, Somoza se vale del símbolo. No presenta los hechos e ideas tal cual, sino que los esconde bajo un tupido sudario de simbología. La novela, ya caja y rosario y braguita y diagnóstico de lo perverso, puede definirse asimismo como una extensa colección de símbolos, no paralelos sino jerárquicos, símbolos dentro de símbolos dentro de símbolos como los cofres que la novela nos anima a abrir en un juego metaficcional de matrioskas literarias. Cuentos dentro de cuentos dentro de cuentos… Pura delicia abisal.
 
La novela, para colmo de alabanzas, goza de otras muchas virtudes. La atmósfera, ya se ha insinuado, es sugerente, angustiosa, lasciva y terrorífica, uno de los grandes puntos fuertes de la obra y casi excusa suficiente para leerla. Tetrammeron también tiene el acierto de glorificar la tradición oral al tiempo que la retuerce y la emponzoña. Su estilo, además, me ha resultado un tanto curioso (otro aspecto que me ha sorprendido de la novela), porque de algún modo es extremadamente sencillo y subrepticiamente complejo. Fluye con elegancia musical y me atrevería a decir que casi con facilidad de best seller, y sin embargo no escatima en pasajes líricos y frases demoledoras que son como mazazos en el corazón o vértigos en el estómago.
 
Concluyo con un principio, con el de uno de los cuentos, y ya me diréis si no recibís vosotros también ese vértigo o mazazo:

«Allí, en Cavennes, hay historias. En todos los pueblos las hay, pero en Cavennes hay tantas y tan fantásticas que cansan a la verdad, la derrotan por agotamiento. Uno acaba creyendo que la verdad y la mentira no existen en Cavennes. Porque, allí lo saben, ambas son solo dos historias más, intercambiables, y cuando pasa el tiempo suficiente, incluso igual de verídicas.»

25 ene 2013

The show must go on

El Teatro de los Prodigios en Internet (II)

 
Damas y caballeros, niños y ancianos, el Teatro de los Prodigios sigue de gira por los más excelsos escenarios y carpas de la red de redes, asombrando a propios y extraños, llevando el sentido de la maravilla allá donde no llega ni la luz (¿será cosa de Endesa?). Y aquí, en Molinos Cibernéticos, seguimos compilando reseñas, entrevistas y reportajes relacionados con tan magno espectáculo. Los molinos están contentos, sus articulaciones mecánicas chirrían y sus venas eléctricas chisporrotean de placer al comprobar las excelentes críticas que el Teatro está cosechando entre sus espectadores. Pasémosle la lupa a algunas de ellas: 

En The Church of Horrors, portal de excelente factura, han publicado una entrevista del maestro de ceremonias y autor del Teatro de los Prodigios, Ramón Merino Collado (en realidad es algo antigua, pero la han colgado ahora):


En el imprescindible Rescepto Indablog, referente indiscutible de la literatura de género, el incombustible Sergio Mars, célebre por su honradez y ecuanimidad como reseñador así como por su excelente capacidad de análisis, ha publicado una genial y razonada reseña del Teatro:


También podemos acceder a otra reseña En Masqueteclas, el blog de José Manuel Ramírez, informático, fotógrafo y devoralibros ocasional. Masqueteclas, entre otras cosas, es un blog con unos contenidos informáticos estupendos; A J.M. se le advierte su vena docente cuando asombrosamente convierte en fácil lo difícil.


La Torre de Babel, uno de los blogs más interesantes de la blogsfera (reseñas razonadas de literatura fantástica, no exentas de un componente visceral que les da un sabor único), ha publicado una entrevista muy amena de Ramón Merino Collado, el responsable máximo de nuestro Teatro de los Prodigios:


También en la Torre de Babel, sitio mágico que os sigo recomendando, podemos acceder a una reseña muy literaria de nuestros nueve actos teatrales:


El Camaleón Azul es otro blog de lectores altamente recomendable en el que se aborda la literatura con mucha pasión y respeto por los libros. Allí también han colgado una reseña favorable del Teatro de Prodigios:


Para terminar, recordamos algunos de los primeros reportajes, reseñas y entrevistas de nuestro espectáculo teatral en este enlace:


Gracias a todos, como siempre, por llenar el Teatro y aplaudir con tanto ahínco a los actores de esta mágica función.

30 nov 2012

El círculo de Krisky, de Miguel Puente Molins

El círculo de KriskyDesde aquí me hago eco del panegírico de Jorge Luis Borges a favor de la economía en literatura. No quiero decir con esto que los textos deban erigirse en telegramas, sino que toda palabra superflua debe ser eliminada. Borges desarrollaba una idea en un puñado de párrafos y eso era todo. A veces coexistían varias ideas portentosas incluso en una misma frase. Un escritor de menos recorrido hubiera construido una novela de quinientas páginas con cada una de esas ideas, rellenándolas de florituras accesorias que no vendrían al caso. Añadir agua al vino, que diría un crápula.

Por supuesto, la literatura no consiste solo en ideas. Hay literatura de personajes, de ambientes y descripciones, de ritmos pausados, necesariamente minuciosa. Hay tramas complejas y novelas corales. Y hay novelas que piden quinientas páginas. Si las piden, adelante, no hay problema. Un libro de dos mil páginas puede ser muy bueno si no le sobra ninguna, pongamos por caso la Genji Monogatari; pero hay demasiados autores que estiran de un hilo muy pequeño solo por darle al manuscrito un formato publicable. No soy amigo de etiquetas tipo novela, novela corta, cuento o microrrelato: cada historia pide el espacio que pide y no hay más. Sin embargo, a veces las etiquetas sirven para poner orden, y a mí me vienen bien para confesar mi amor incondicional por el relato corto. Por todo lo anteriormente comentado, porque al cuento pocas veces le sobra algo. Porque es un bocadito literario, como la poesía, solo que con una narrativa que en ocasiones nos sorprende y nos conmueve. Una bofetada literaria, en el buen sentido.

El Círculo de Krisky, ópera prima de Miguel Puente Molins, es una colección de estas fantásticas piezas minimalistas. Me hice con este librito por su condición de antología, sin saber que Miguel era uno de los fundadores de Saco de Huesos, editorial a la que tengo un cariño especial. Desde que leí la solapa del libro y me alcanzó el dato, no pude ser objetivo al leerlo.

Sí puedo serlo ahora, al recordar los cuentos. En El Círculo de Krisky hay de todo, desde pequeñas obras maestras hasta relatos más normalitos, pero todos ellos dejan un buen sabor de boca. Están bien escritos (si hacemos la vista gorda a un par de justificables erratas), mejor documentados y, sobre todo, cumplen con creces su función: sustraerte durante un buen rato de esa realidad asfixiante cuyas barreras solo pueden ser abatidas con el poder escapista de la literatura.

La antología arranca con “Los siete cuervos”, una historia deliciosa correctamente ubicada al principio del libro. Miguel Puente parece decirnos con este relato: este soy yo, así es como escribo y he aquí la imaginería que soy capaz de perpetrar. Literatura de ideas, moderación narrativa: todo el cuento está plagado de parcas imágenes fantásticas que otros autores con menor tonelaje creativo no hubieran dudado en dilatar, pero que aquí solo se esbozan, como atrezo de un teatro mucho mayor. Todo el cuento, además, está impregnado de una ambientación feérica que no desmerece de las grandes mitologías modernas (verbigracia, El Silmarillion). Una carta de presentación estupenda, aunque el resto de los cuentos se alejen un poco en cuanto a atmósfera de este que abre la selección.

Después viene el remanente de cuentos. Los que más me han gustado han sido “Una duda razonable” y “Psicosomático”. El género fosco se desarrolla con maestría, acierto y economía de medios a través de las contadas páginas de la obra de Puente, y aunque los relatos oscilan entre el terror y el humor, la ternura y el desastre, es común en todos ellos un trasfondo mitológico, patrio en abundantes ocasiones.

Y por último arribamos a “El Círculo de Krisky”, el relato que da título al conjunto y que se encarga de cerrar la antología. Para mí estamos sin duda ante el mejor cuento del libro, y probablemente también debe de parecérselo al autor cuando lo ha situado estratégicamente al final, para dejar un buen regusto. También la ilustración de portada (magnífica) hace referencia a esta última historia en la que Puente echa los restos. Se trata de una de las narraciones más originales que he leído en mucho tiempo, y uno que es ya perro viejo, y que como lector siente indiferencia ante el género de terror por inocuo y fallido en sus propósitos, ha de admitir aquí que este cuento, cuando menos, le ha causado cierta inquietud. El final no destaca especialmente (le falta un desenlace menos previsible para ser un cuento perfecto), pero el correo electrónico que constituye el armazón del relato sorprende e innova. Realmente dan ganas de transcribir el mensaje y lanzarlo a través de la red para ver cómo reacciona el personal. No digo más.

Miguel Puente, parroquiano gallego del bar del trago rápido y sin concesiones, sin palabras sobrantes ni tercios exclusos, sin disquisiciones cansinas, nos sorprende con un libro que apenas dura una tarde. Queda por ver cómo se desenvuelve en historias con más fondo, aunque, como he venido en defender durante toda la reseña, por lo que a mí respecta agradecería que se quedase en el cuento corto durante una —esta vez sí— muy larga temporada.
 

14 nov 2012

El Teatro de los Prodigios en Internet

Molino Crítico

Poco a poco van apareciendo reseñas y opiniones varias sobre El Teatro de los Prodigios, tanto en el mundillo de la blogsfera como en portales de renombre.
La primera reseña de hoy corresponde a The Church of Horrors, un portal cultural de excelente factura que he tenido la ocasión de descubrir a raíz del interés de sus responsables en comentar la obra:
http://thechurchofhorrors.com/el-teatro-de-los-prodigios-ramon-merino-collado

El escritor Manuel Amaro Parrado, en su blog literario Fobos, ha tenido a bien realizar una breve reseña de El Teatro de los Prodigios. Amaro Parrado es el autor de la recomendable antología Fobos y de la novela León Gónzález, Santo. El latido de Olimpia, su tercera obra, está a punto de ver la luz.
http://manuelamaroparrado.blogspot.com.es/2012/08/el-teatro-de-los-prodigios.html

El imprescindible sitio de género El rincón de Koreander ha publicado un reportaje completo de El Teatro de los Prodigios. Incluye datos sobre la obra y una interesante entrevista al autor:
http://elrincondekoreander.wordpress.com/2012/11/08/dossier-el-teatro-de-los-prodigios-de-ramon-merino-collado

Juan José Aroz, responsable de la estupenda editorial Espiral Ciencia Ficción, ha colgado una minicrítica en diversos medios:
http://es.groups.yahoo.com/group/terbi/message/254

Me consta que hay unas cuantas reseñas extensas en camino, que iré enlazando conforme se vayan colgando en la red. Además, muy pronto aparecerá una nueva entrevista en un conocido portal literario.
Gracias a todos los que me reseñan sin que medie intervención mía o de la editorial en estos bonitos gestos.

1 nov 2012

El baile de los secretos, de Jesús Cañadas

Hay novelas que te dejan hambriento de información, que te impulsan a buscar más datos sobre ellas en Internet, en cuanto giramos la última página. Eso, ya de por sí, es muy buena seña: para bien o para mal denota que la novela te ha marcado. Es lo que me ocurrió al acabar El baile de los secretos (Grupo Ajec, 2011), de Jesús Cañadas. Por desgracia, el blog del autor ha desaparecido y en su lugar se ofrece una web insuficiente, elegante pero parca en contenidos. Sin embargo en la red abunda información sobre la novela, dispersa y amateur pero copiosa, sobrada para aplacarnos el hambre. Internet arroja unos resultados asombrosos: más de cuarenta reseñas, lo cual es un verdadero logro para una pequeña edición. Y aunque bien es cierto que muchas de ellas responden a envíos de ejemplares de prensa por parte de la editorial o del propio autor, no es menos cierto que la mayoría son reseñas positivas.
 
Esta reseña también es positiva y no responde a ninguna estrategia promocional. Descubrí el libro a través de la web de Grupo Ajec, la sinopsis atrajo mi atención y lo añadí a un pedido que ya tenía a punto de caramelo. Un tiempo después le encontré un hueco en mi agenda lectora y, cuando una semana más tarde consumí el último renglón, sentí la urgente necesidad de escribir estas palabras. Quizá después de cuarenta reseñas la mía se haga del todo superflua, pero ya os digo que fue necesidad, y eso también es buena señal.

Comencemos por lo malo. Cuando empecé a leerlo, El baile de los secretos me tenía desconcertado. Por un lado estaba flipando con la pulcra, cuidada prosa del autor; por otro me costaba horrores pillarle el ritmo. Y es que, por lo que he podido leer en otros lares, casi todos coincidimos en que el mayor hándicap del libro es su densidad literaria, la cual, unida a la cantidad de información que el autor despliega de una vez al principio de la novela, nos impide abordar la lectura con un mínimo de fluidez. Y aquí acaban los peros. Porque lo que es su mayor pega es al mismo tiempo su mayor virtud: una vez cogido el ritmo y comprendido que esta novela debe afrontarse con una paciencia relajada, solo nos resta abandonarnos al pausado placer de una lectura onírica, riquísima en hallazgos estilísticos e imágenes poderosas. Se nota que es una primera novela en el buen sentido: Jesús Cañadas echa los restos para demostrarnos que escribe bien, y lo consigue, e intenta colarnos en trescientas páginas todo su bagaje cultural, que no es poco, y exponernos hasta la menor pincelada de su vasta imaginería, que tampoco es una bagatela.

Pero El baile de los secretos no solo está bien escrita: desarrolla asimismo planteamientos muy originales. Además de constituir una suerte de partida de rol novelada, intercalada con el mundo realista en que residen los jugadores como la estrofa y antistrofa de un poema griego, toda la historia es una grandilocuente alegoría del amor. O más que del amor, del desamor. Cada abstracción que identificamos con el más romántico de los sentimientos cobra aquí una naturaleza física, literal. Nos toparemos con los Celos, y con el pérfido Rencor, y con el desolador Abandono, y también con enamorados portadores de la plaga del amor, que devoran corazones para saciar su insaciable apetito. Y más corazones, muchos corazones por todos lados, palpitantes, sangrantes, grotescos. El amor (desamor) se presenta aquí como un horror, el baile de los secretos es un baile gore, visceral en el sentido más literal de la palabra. Porque el amor tiene una cara negra y ponzoñosa que pocas veces asoma en la literatura, y nunca tan gráfica y plásticamente como en El baile de los secretos.

La novela funciona con precisión: despliega los personajes, destapa sus secretos y cierra el círculo cubriendo con una pátina de esperanza lo que durante toda la historia ha sido negro como los hilos de Melquíades. Pero bajo esta mecánica minuciosa subyace todo un mundo de secretos secundarios, secretos que resultan prescindibles para entender la trama principal (por lo que el autor los oculta sutiles entre las páginas), pero que enriquecen en gran medida la lectura. Hay referencias a Oscar Wilde, Chris Claremont, Dan Simmons, J.L. Borges, H.P. Lovecraft, Cortázar, Shakespeare y un largo etcétera. Hay alusiones a los libro-juegos de Altea y en general al mundillo del rol. Muchos personajes no son lo que parecen o representan algo más, y hasta la ciudad esconde su propio secreto, que es el que personalmente más me gustó descubrir a mitad de la novela (cuando caes en la cuenta, los colores le brotan de pronto a cada lugar visitado en Mandressla).

Voy a seguirle la pista a este autor gaditano que recientemente ha sido finalista del Premio Ateneo de Sevilla, uno de los más prestigiosos de la península. Estoy convencido de que al sentirse libre de la imperiosa necesidad de probar su valía, más que demostrada con su ópera prima, su canto del cisne será menos denso, más relajado y acabado que El baile de los secretos. Entonces será cuando empecemos a flipar de verdad con Jesús Cañadas, prometedora figura del fantástico patrio. Tiempo al tiempo.
 

24 jun 2012

El libro del Hombre Oso

Hace unas semanas cayó en mis ávidas garras lectoras la novela de un prometedor estilista cordobés al que le tenía echado el ojo desde hace tiempo: Daniel Pérez Navarro. Su ópera prima resultó finalista en 2010 de los premios Ignotus, que vienen a ser algo así como los Óscar literarios de la fantasía patria. Estuve tentado de pillarme la susodicha Mobymelville, pero me decanté por su última novela porque el argumento me atraía más. El libro del hombre oso (Grupo Ajec, 2011) se lee en apenas un par de tardes y se disfruta tanto por su impecable estilo como por su trama absorbente. Se trata, por añadidura, de una historia original, con una desacostumbrada estructura, no arbitraria sino a medida de lo narrado, ajustada a ello como un guante.

El título ya nos anuncia sin tapujos el tema del libro: el hombre oso, una versión muy personal del célebre licántropo. El autor parte de la leyenda que rodea al hombre lobo para crear su propia mitología en torno al oso. El libro es una deconstrucción de la licantropía, pero esa deconstrucción no es un fin en sí misma, sino un paso necesario para el montaje del nuevo mito. Así, la novela comienza echando por tierra todos los tópicos asentados alrededor del hombre bestia no por el placer de destruirlos, sino para construir los propios desde cero. Existen también reglas en la zoantropía del oso, reglas paralelas al proverbial canon del lobo: hay un telón de Aquiles de la criatura en forma de arma especial, una serie de requisitos que precipitan la transformación y, claro, también un proceso de animalización, aunque de una naturaleza distinta y más radical, irreversible. Toda la novela pasa por ofrecer una alternativa al lobo, lo bastante similar como para que los paralelismos sean obvios y lo bastante diferente para que la nueva mitología nos resulte exótica. Así, mientras que el lobo es sutil, oscuro, se desliza entre las sombras (no en vano surge bajo un influjo lunar) y caza furtivamente, por el contrario el oso es gigantesco, tosco, abierto, su vigor no precisa de subterfugios, sus actos son devastadores. Se trata de una suerte de Godzilla ancestral y con germen humano, una pesadilla a gran escala, una fuerza destructora, un monstruo asociado a los tiempos modernos, menos intimistas, de males más globalizados y catástrofes masivas.

Pero toda devastación parte de una mecha tenue, y toda zoantropía de un simple ser humano que solo en potencia se erige en bestia. El libro del hombre oso arranca con un suceso cotidiano que, en principio, no parece guardar relación con el oso: una clase de niños en edad preescolar desaparece misteriosamente durante una excursión. El protagonista del libro, un profesor obsesionado con la figura del hombre oso, se ve involucrado en una serie de crímenes que vulneran la tranquila Daeyna, ficticio pueblo costero, y que en principio tampoco tienen que ver con la desaparición de los niños. Todas estas piezas aparentemente inconexas acabarán formando parte de un puzle mayor. No puedo dar más detalles sin desvelar la trama; lo que sí puedo añadir, sin miedo a comprometerla, es que la historia principal del profesor se va intercalando con una extensa documentación relacionada con el hombre oso, colmada de anécdotas fingidamente históricas (que son las encargadas de desmitificar al teriántropo) y fragmentos literarios del Medievo. Este material anexo enriquece muchísimo la obra global al tiempo que nos va introduciendo en el inquietante mundo del oso mucho antes de que entre en escena, como un preámbulo necesario del catastrófico, fabuloso, terrible clímax que se nos avecina.

Por poner una pega a la novela, no me ha convencido el modo en que se maneja al personaje del señor Mell. Al principio el autor parece jugar con la idea de que el oso somos todos, que no hace falta alcanzar la forma explícita de una animal para actuar como tal, que todo hijo de vecino oculta una bestia dentro, que el hombre puede ser la más atroz de las fieras. Pero, de pronto, los actos inhumanos del personaje tratan de justificarse a través de su condición de bestiario, y entonces el señor Mell sufre un brusco cambio de personalidad que no termina de cuajar; ni siquiera el postulado de que "el bestiario a veces disfruta con la caza" termina de disculparlo. De todas formas, es un mal menor de la novela, y si tenemos que suspender la incredulidad para disfrutar de este, por otro lado, estupendísimo personaje, que así sea.

La edición del libro es muy bonita: impera el blanco, tanto por fuera como por dentro (los capítulos son breves, cargados de espacios vacíos). Adolece, eso sí, de un puñado de errores de maquetación, pero nada demasiado grave. Las fotografías que acompañan el texto son sugerentes y cumplen magistralmente con su función escenográfica. El libro es ameno sin sacrificar por ello el estilo. Pérez Navarro experimenta con el lenguaje, con los tiempos, con las estructuras; todo ello sin perder de vista su objetivo principal, que es contar una buena historia. Una historia donde lo cotidiano se echa un pulso con lo legendario, donde realismo y superstición se montan y se desmontan, conflicto del cual solo el lector sale victorioso.

Seguiremos vigilando a este autor muy de cerca.

16 jun 2012

Presentación de "El Teatro de los Prodigios": breve crónica del evento



La presentación de El Teatro de los Prodigios, antología de cuentos fantásticos de Ramón Merino Collado, fue todo un éxito.

La presentación comenzó puntualmente a las 20:00 horas, el pasado miércoles 13 de junio en el monumental e histórico ayuntamiento de Baeza. El aforo del gigantesco salón de plenos se completó enseguida, y muchos asistentes tuvieron que permanecer de pie.


Abrió el acto María Ortega, concejala de cultura, quien presentó a los conferenciantes y aplaudió este tipo de iniciativas culturales, agradeciendo al autor su decisión de realizar el evento en Baeza.

Seguidamente dio entrada a Víctor Moreno, elegante saxofonista que interpretó dos piezas de corte romántico y dotó al evento de un toque de distinción.

Tomó la palabra Ángel Torres Villarroya, mago profesional, dueño de una de las tiendas de prestidigitación más importantes de España (Magos Artesanos) y editor de libros y conferencias de magia. Torres se encargó de presentar al protagonista de la velada, gran amigo suyo desde la infancia, ensalzando su calidad como persona y su temprana pasión por la escritura. A continuación habló de la obra, que definió de manera general para después centrar su exposición en tres de los cuentos de la antología: "Si en la noche un extraño", "Círculos" y "Los Arquitectos del Infierno".

Cedió la palabra a María Mesa Romero, profesora del I.E.S. Andrés de Vandelvira y experta en literatura española, quien realizó una minuciosa disección de otros tres cuentos: "Negro caldo primigenio", "La luna roja" y "El verso que me dio el viento", aunque también aludió a los relatos "Magna Veritas" y "Los libros".


A continuación llegó el turno de Ramón Merino Collado, el autor de la obra presentada. Agradeció al auditorio su asistencia al evento y, de forma particular, el apoyo y la calidez de algunas personas. Posteriormente pasó a disertarnos sobre su libro, sobre el periodo de gestación, el denominador común de los cuentos, sus logros como escritor y otros asuntos de interés para la concurrencia. Continuó con una apología de la literatura fantástica, ahondando en las verdades y mentiras que rondan tan denostado género, apoyándose para ello en un texto escrito para la ocasión por el propio autor y que publicaremos próximamente en Molinos Cibernéticos.

Se abrió entonces el turno de preguntas y respuestas, donde descubrimos los futuros proyectos de Ramón Merino, entre ellos dos novelas de próxima aparición.

El acto finalizó con la proverbial firma de ejemplares. Una larga cola de asistentes se formó frente a la mesa, donde el escritor estampó sus rúbricas con una sonrisa dibujada en el rostro; una sonrisa sincera, fruto de un sueño cumplido.

Vicky, la simpática librera de Venyaprende, acudió a la presentación con sesenta ejemplares. El punto de venta fue atacado por hordas de lectores ansiosos, y los libros se agotaron en quince minutos.


El evento, en numerosos aspectos, superó todas las expectativas. El poder de convocatoria fue fantástico. La estimación del número de ejemplares para su venta directa resultó escasísima. Los asistentes cuentan que la presentación sacrificó solemnidad para tornarse amena y distendida, que los oradores estuvieron estupendos y que la introducción musical constituyó un agradable toque de estilo. Baeza, ciudad patrimonio de la humanidad, sirvió de marco ideal para tan mágico encuentro.

Muchas gracias a todos los que lo hicisteis posible.