14 nov. 2013

Jornadas literarias de la Semana Gótica y reunión anual de Nocte

Este fin de semana hemos entrado en la recta final de la Semana Gótica de Madrid, marco en el cual se integra la reunión oficial de la Asociación Española de Escritores de Terror y Fantasía Oscura (Nocte). Han sido tres días intensos cargados de actividades literarias en cuyo seno hemos bebido y comido y sobre todo hablado mucho, mucho de literatura: de autores y lectores, de editores y editoriales, de géneros y prospectivas, del futuro del género y de montañas de libros, un intercambio de opiniones que particularmente a mí, que soy un bisoño en estos menesteres, me ha resultado muy enriquecedor.

Entrega de los premios Nocte
Juan A. Laguna, presidente de Nocte, y David Jasso, presi-
dente honorífico, entregando "el cucaracho" a Nuria C. Botey.
Junto a otras actividades preparadas por los organizadores de la Semana Gótica, como lecturas, exposiciones de arte, conciertos y hasta pasarelas de moda, los eventos perpetrados por Nocte han ido desde la confección de mesas redondas, presentaciones de libros y conferencias hasta la entrega anual de los galardones más importantes del terror en nuestro país: los premios Nocte. Pilar Pedraza, F.G. Haghenbeck, Nuria C. Botey, Fernando Cámara y Anna Starobinets han sido los afortunados que se han alzado con tan distinguido laurel en las categorías, respectivamente, de mejor novela nacional (Lucifer Circus, Valdemar), mejor novela extranjera (El diablo me obligó, Salto de página), mejor antología nacional (Vosotros justificáis mi existencia, Saco de Huesos), mejor relato nacional ("La bici amarilla", incluido en La ciudad vestida de negro, Drakul) y mejor relato extranjero ("Una edad difícil", incluido en Una edad difícil, Nevsky Prospects). Tras la entrega de los trofeos, consistentes en una representación tridimensional del logo de Nocte creada magistralmente por el escultor Rafa Rius, los miembros de la asociación nos dimos un buen homenaje en el restaurante Madrid Madriz, junto con los premiados o sus representantes (los editores de Valdemar y Salto de página) y otras figuras importantes del círculo literario. Lo que pasó después, en las copas, como se suele decir, se queda en las copas.

El conjunto de eventos se enclavó en el museo del Romanticismo, un marco incomparable, apropiado como centro neurálgico de la Semana Gótica y las actividades de Nocte.

Me quedo, no obstante, con la gente, con el factor humano de las jornadas. Conocí a muchas personas interesantes, y al fin pude ponerles voz a amigos de Internet que cada día me regalan sus enseñanzas y me enriquecen como escritor merced a su pluma, su generosidad, su pasión y su enorme talento. He regresado muy feliz a casa y cargado de experiencias positivas, aunque exhausto de cuerpo y mente tras una sobredosis intensa de literatura. El otoño que viene volveremos a tener una cita obligada; la Semana Gótica se perfila, año tras año, como un encuentro literario temático de primer nivel. Mientras tanto, habrá que ponerle un ojo a la eminente Hispacón.

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