18 may. 2012

Bienvenidos a Molinos Cibernéticos

Molinos cibernéticosRevelar la ilusión del molino, la mecánica que lo hace semejarse a un gigante. Destripar el truco de magia, confinar la literatura al microscopio. Aplicarle bisturí al séptimo arte, y por qué no al noveno. Desentrañar el misterio de la vida, la estructura de la idiotez, la relojería del arte...

Hace poco leí en algún sitio que los molinos fueron los primeros Transformers. Detrás de esta broma moderna subyace una idea muy vieja: la de encontrar el porqué de las cosas, dar sentido a la ilusión de Don Quijote, hallar una explicación que nos alivie la ansiedad de la incerteza. Ahora la locura puede ponderarse científicamente: se coloca al loco en el diván y los parámetros llueven como ecuaciones matemáticas; la causalidad nos conduce a la infancia, la madre acapara las culpas... o será que esos molinos ocultan secretos.

Desde la noche de los tiempos, siempre hemos tratado de entenderlo todo. De mirar por debajo de la falda de las cosas para saber cómo funcionan. La ignorancia nos espanta, los monstruos habitan las sombras, la luz del conocimiento se erige en segura madriguera. Somos de condición ilustrados, vivimos en el reino de la ciencia.

Y la ciencia está muy bien; el problema llega cuando extrapolamos las técnicas e instrumentos que le son propias a otras ramas de la cultura. Cuando destripamos el truco de magia, confinamos la literatura al microscopio o aplicamos bisturí al séptimo arte. Porque el arte, sea del ordinal que sea, es subjetivo por naturaleza. Porque en diez mil años de historia jamás se ha escrito un libro definitivo que establezca criterios rigurosos para componer la crítica perfecta. Porque resulta imposible cuantificar con precisión absoluta la calidad de una obra artística. Porque las musas no sabían ni sumar y el arte no se disecciona, se sueña. Porque no se puede analizar la belleza... lo cual no significa que dejemos de intentarlo una y otra vez, cabezazos infinitos contra el muro de lo imposible.

Yo no voy a dejar de intentarlo, me temo. Soy como esos ratoncitos que corren y corren en la rueda sabiendo que no van a llegar a ninguna parte, pero no me importa. Aún siendo consciente de que la meta no existe y de que esta bitácora, como tantas otras, no es más que una cinta de Moebius forjada de unos y ceros, voy a seguir adelante porque creo que el camino merece la pena. Ahí está la clave de todo: olvidarse del final del viaje y disfrutar del sendero recorrido. Porque por más que avancemos nunca podremos alcanzar el horizonte... pero qué agradable resulta el paseo con ese fondo de atardeceres.

Así que sí, este es un blog más de literatura, cine, música, cómic, videojuegos, ciencia, filosofía, arte, mitología, algo de reflexión personal y una pizca de necesaria locura. Construiremos críticas sesudas que no servirán para nada sino para entretener. Seremos Quijotes ingenieros: siempre detrás de la pista que nos conduzca a la mecánica del gigante. Y cuando nos cansemos de hacer el inútil, cómo no, seguiremos soñando...

8 comentarios:

  1. Gran diseño!

    Te seguiremos con interés, maestro

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  2. Bueno, bueno!!! La introducción genial!! Me ha gustado mucho, y el título del blog.... un espectáculo!!!

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  3. Enhorabuena por partida doble (libro y blog, qué lujo). Me haré fiel seguidora y soñadora, seguro que merecerá la pena.

    María A.

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  4. Gracias, Argol. Espero no decepcionar en futuras entradas, y que el contenido tenga la misma calidad que el continente. ;-)

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  5. ¡Muchas gracias por tus palabras, JM! Me alegro de que te haya gustado tanto el título de la bitácora como la presentación. Tus consejos me fueron de gran utilidad. ;-)

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  6. ¡Muchas gracias, María! ¡Espero que las siguientes entradas sean de tu agrado y te vea por aquí a menudo!

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  7. Bienvenido a la Blogosfera Ramón.

    Aquí me tendrás a la expectativa.

    Un saludo.

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  8. Muchas gracias, Jesús, por tus palabras de ánimo. Me alegrará verte por aquí. ¡Un abrazo!

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