Pero sí, de cuando en cuando una de entre cien obras dispara de nuevo nuestra capacidad de asombro. Y es como viajar en el tiempo, como volver a ser niño una vez más; aunque no como rescatar esas primeras emociones del soñador hambriento de aventuras, ingenuas en su novedad, sino que se trata de un asombro de nueva cuña, un asombro adulto, pues nuestra facultad de sorprendernos no solo se ha resentido sino que también ha evolucionado. Esa es exactamente la clase de sensaciones que me ha despertado Neon Genesis Evangelion. Una serie la cual, debido a su complejidad, sus temas y su corte maduro, solo puede resucitar el sentido de la maravilla en un momento avanzado, en una etapa adulta, y que, por tanto, ofrece una engañosa regresión, pues despierta sensaciones ligadas con la infancia que en ningún momento pueden experimentarse en la infancia.

Dirigida por Hideaki Anno y producida por el estudio Gainax, Evangelion cuenta con veintiséis episodios diseñados ex profeso para la pequeña pantalla (el manga vino después), aunque cabe advertir que para entender la serie por completo habremos de recurrir a la película The end of Evangelion, que reinterpreta los dos últimos capítulos y cierra muchas incógnitas que la serie original dejaba en el aire. Cada uno de los episodios opera como un reloj y constituye una obra maestra autónoma que sin embargo es pieza de un mapa mucho mayor. Así, la serie funciona en dos sentidos: en lo íntimo, con personajes bien trabajados y sumamente originales, subtramas emocionales y relaciones psicológicas construidas con escuadra y cartabón; y en lo épico, moldeando una temática de una complejidad desafiante, formada por muchas capas superpuestas, y que a su vez se cierra a la perfección. Si cada episodio funciona como un reloj, un pequeño mecanismo preciso, el todo constituye una vasta maquinaria perfecta. En Evangelion he encontrado al fin el Perdidos que siempre quise y nunca llegué a tener. La serie está minuciosamente diseñada de principio a fin; aquí sí.
La he visto tarde: Neon Genesis Evangelion se empezó a emitir a principios de 1995, y solo la distancia la ha acabado encumbrando a la categoría de hito del anime, de indiscutible masterpiece. Lo curioso es que tengo la serie en DVD original desde hace muchos años, pero las circunstancias me han obligado a ir aplazándola hasta estos últimos meses. Y ahora, por fin, la he descubierto, ahora puedo sentirme cercano a Rei, a Misato, a Asuka, a tantos personajes disfuncionales pero entrañables de puro bien dibujados, en todos los sentidos. Para terminar, de entre infinitas escenas memorables escojo una de las que más me han impactado: el instante en que se desvela el secreto del EVA-01, aderezado por el grandioso tema musical "Decisive Battle" del maestro Shirō Sagisu (en ocasiones auxiliado por Bach o Beethoven), al final del episodio 19, uno de los puntos álgidos de la serie. Nadie, por menguada que se halle su capacidad de asombro, puede sentirse indiferente ante momentos tan enormes como ese…
¡Feliz año nuevo a todos!