18 may. 2013

¡Feliz cumpleaños, Molinos Cibernéticos!

Molinos Cibernéticos cumple hoy su primer añito. Y este, por tradición bloguera, es un buen momento para hacer balance y reflexionar un poco, o al menos no es peor momento que cualquier otro. Así que vistamos la toga de filosofar mientras los molinos se divierten con el confeti, los regalos, la tarta y el champán.

Durante este primer año como bloguero y escritor me he dado cuenta de algunas cosas. Y la más importante, quizá la que más atañe a mi pequeño rincón de Internet, es que quizá sea un buen escritor, pero soy un pésimo bloguero. Muchos compañeros y lectores ocasionales me han celebrado la calidad de las entradas, pero en esto de las bitácoras, amigos míos, no funciona eso de que más vale poco y bueno que opíparo y mediocre. Para llevar un blog adelante como los dioses mandan un bloguero debe escribir mucho. Pero mucho, mucho. Ha de ser constante en el trabajo de actualizar el blog, ha de mantener fresco el sitio mediante una continua renovación de los artículos. Al menos dos entradas semanales es lo que manda la costumbre no escrita. En ese sentido este blog se erige en auténtico desastre.

Primer cumpleaños de Molinos Cibernéticos
Me quedo, no obstante y haciendo gala de mi célebre optimismo, con lo bueno. Aunque la media de comentarios por entrada es harto modesta, el número de visitas diarias es bastante más alto de lo que creí en un principio. Supongo que eso es lo que importa: que te lean, no que te comenten. Según las estadísticas de Blogger los navegantes se aproximan a estos páramos cibernéticos por muchos motivos, pero la mayoría de las veces buscan lo que se ofrece aquí dentro, sin equívocos. Eso ya un triunfo de mis molinos, aunque sea pequeño.

Lo admito, en más de una ocasión he estado a punto de echar el cierre. Soy un mal bloguero, me cuesta escribir entradas nuevas (por lo general el tiempo que saco para escribir lo dedico a la narrativa, que es lo que realmente me gusta, escribir libros). Sin embargo, al final me he decidido a continuar con mi labor cibernauta porque, al fin y al cabo, el sitio cumple con su función. Ser un escaparate de las cosas que me van publicando. Acercar mis obras a los lectores potenciales, e informar a la gente de lo que voy cociendo lentamente en la cocina de mi literatura. Y hablar de cuando en cuando de las obras de los amigos escritores, de las novelas de los demás. He sido muy honesto con las reseñas literarias: todos los libros que he alabado me han encantado, y aprovecho para aconsejarlos de nuevo, para exigir que se les dé una oportunidad. No hay aquí, salvo un par de excepciones, reseñas de libros grandes. Le pegas una patada a una piedra y te salen doscientas críticas de Juego de tronos, así que ¿para qué otra más? Esa es la línea que continuará llevando Molinos Cibernéticos en este futuro segundo año de su andadura: comentar obras menores de calidad probada que pasan desapercibidas para el grueso de los lectores de este país de pandereta y cultura enlatada. Hablar a voz en grito de la pequeña gran literatura y sí, de tanto en tanto aproximarnos a otros medios narrativos como el cine, el cómic, el videojuego o la música. Y reflexionar sobre literatura, cuanto más mejor, y siempre con la pasión de quien la ama por encima de tantas cosas.

Además, no podía abandonar a su suerte a mis pobres Molinos Cibernéticos. Es como ese zoológico que había que salvar a toda costa aunque fuera por la eventual fortuna de sus animales. Decido seguir, a pesar de los inconvenientes, de las trabas y las barreras, para regalarles a ellos al menos un año más de vida.

Así pues, ¡feliz cumpleaños, Molinos Cibernéticos!