27 jun 2013

La rosa de Waterhouse


Reconozco mi amor incondicional por el género de la poesía, pero también confieso que, por unas razones u otras, no leo tanta como quisiera. Las últimas antologías poéticas de autor único a las que he tenido el placer de asomarme han sido el Breviario de erótica perversa de José Alcalá-Zamora, el Lunario sentimental de Leopoldo Lugones y la Poesía reunida de Ramón Irigoyen. Obras todas de buena factura que van de lo erótico a lo subversivo. Pero hoy quiero hablaros del último poemario que ha caído en mis manos y que me ha horadado el corazón de parte a parte: La rosa de Waterhouse (Ed. Asociación Cultural Andrómina, 2010), de Caty Palomares Expósito.
Lo primero que llama la atención, nada más adentrarte en ese mundo simbólico que nos regala la autora, es la enorme modernidad de los poemas. Su rotunda actualidad. Caty demuestra un bagaje poético absoluto que procede a deconstruir para alumbrar su propia poesía. Tendrá sus referentes, como todo el mundo, pero no se erige en clon de nadie. A lo largo de las ciento y pico páginas del poemario, la autora extiende su propia voz, una voz que, tras la lectura, me veo capaz de identificar sin demasiados problemas mientras conserve el mismo registro. Una voz, con todo, alojada en el universo poético más flamante. Una voz, en suma, que coge lo mejor de la actualidad poética, lo personaliza y lo sublima.
Hay una doble lectura en La Rosa de Waterhouse. Caty Palomares nos habla, sobre todo, del lenguaje. De la evocación de las palabras y de la palabra como recurso del hombre, del poeta y la amante en particular. No cae la autora en el error manido de invocar en sus versos a las musas (aunque veladamente lo termine haciendo): ella nos habla en línea recta de la propia palabra. Y la palabra, a veces, surge de forma suave, pero en otras ocasiones su invocación es dolorosa y sucia como un parto, sensual, terrible o todo al mismo tiempo. Caty retuerce la palabra, juega con ella, le da forma, la exprime, le hace el amor, la eyacula, la preña, la regurgita, la transfiere y la cubre de polvo, habla por ella y de ella  en un juego metaliterario cuyo resultado brilla por su redondez formal. Palabras, palabras que son milagros, como el punzante milagro de un alumbramiento, o palabras que son falos medrando en tu sexo. Palabras, palabras como labios.
Para mí sean todas las palabras
que a ti te in-complementan:
los ojos sustantivos
el pecho adjetivado
y el verbo procrear
desaforadamente.
Y aquellas invariables
que me conjuntan tú
que me posicionan
con todos sus pronombres
oh, sí, con todas sus interjecciones.
 
Pero la poeta también nos habla, por la palabra, del amor, del platónico y del carnal, del eterno y del fugaz, de nostalgias y eternidades, del dialecto de las alcobas. Nos cuenta del amor a través del símbolo del lenguaje y nos cuenta del lenguaje a través del símbolo del amor. Nos habla, en definitiva, de su amor por el lenguaje y del rijoso lenguaje del amor.
Empleando la gran sabiduría
del maestro, sabrás
que todos los lugares que atesoro
no son ajenos para ti (conoces
tan bien su geografía…)
Y es que las matemáticas no fallan.
Uno más uno son
seguro cuatro muslos enredados
en nuestra historia contemporánea
cuya lengua investigas, filólogo
morfología, léxico, sintáxis…
Me encanta cuando estudias,
intérprete de signos,
los idiomas, la anatomía curva,
(biológica) de cada idiolecto.
 
Hace uso la autora de recursos valientes y rompedores. Se atreve a ignorar ciertos tabús compositivos y en algún poema alarga las sílabas o abunda en adverbios. Con frecuencia inventa palabras, hace hervir su poesía de signos no convencionales como paréntesis y guiones. Y sin embargo el texto fluye con naturalidad, es su poesía un manantial de voces que le otorga doble mérito a su arriesgada labor. Derrama piedras entre sus poemas para hacer fluir la palabra por ellas y consigue que mane mejor que si la hubiera extendido por un campo llano. Se arriesga a engarzar música y matemática con la fontanería de sus vocablos amigos, y lleva a cabo tal mezcla con resultados sorprendentes. La mires por donde la mires, se trata de una poesía original y de un acabado sonoro perfecto.

El alma de la rosa, de Waterhouse
He disfrutado mucho con La rosa de Waterhouse, eléctrica de lenguaje y erotismo. La he degustado como se merece, sin prisas, dejando asentar cada bloque de poemas en el poso de la memoria antes de abordar el perfume del siguiente. Algunos poemas son profundos, laberínticos, reflexivos y autorreferenciales; otros son atómicos, versos minimalistas que te caen encima como mazazos. Caty sabe conducirse en diferentes distancias y aprovecharse de cada una. Se la ve cómoda dentro de su rosa de palabras, aunque ella en algún poema nos grite lo contrario con humildad. Al final, todas sus composiciones se acomodan a la definición de prodigio metaliterario, agudo y conmovedor.
 

Acabamos la reseña de forma atípica: hablando de la responsable de estos magnos versos. Pero ha de ser así, pues sobre el tallo de la rosa se eleva el botón que despliega su aroma. Caty Palomares, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Jaén, ha publicado varios poemarios y se ha alzado con numerosos certámenes, incluyendo el VIII Premio Facultad de Poesía de la Universidad de Jaén con De lo que nunca te dije y me gustaría contarte, el Ciudad de Lucena con Memoria entre ortigas o el Fernando Quiñones con Variaciones. Ha quedado, además, finalista en el XXX Premio de Poesía Leonor de Soria y en el XVI Premio Ciudad de Torrevieja con Yo sé que existo porque tú me imaginas, y en el XXIII Premio San Juan de la Cruz con El sonido de la luz. La misma Rosa de Waterhouse la ha hecho merecedora del IX Premio de Poesía Leonor de Córdoba. Y con esta antología nos derrama su autora una gran verdad: no la palabra, no el amor ni el sexo ni el recuerdo. Caty Palomares es la auténtica rosa de Waterhouse.

18 may 2013

¡Feliz cumpleaños, Molinos Cibernéticos!

Molinos Cibernéticos cumple hoy su primer añito. Y este, por tradición bloguera, es un buen momento para hacer balance y reflexionar un poco, o al menos no es peor momento que cualquier otro. Así que vistamos la toga de filosofar mientras los molinos se divierten con el confeti, los regalos, la tarta y el champán.

Durante este primer año como bloguero y escritor me he dado cuenta de algunas cosas. Y la más importante, quizá la que más atañe a mi pequeño rincón de Internet, es que quizá sea un buen escritor, pero soy un pésimo bloguero. Muchos compañeros y lectores ocasionales me han celebrado la calidad de las entradas, pero en esto de las bitácoras, amigos míos, no funciona eso de que más vale poco y bueno que opíparo y mediocre. Para llevar un blog adelante como los dioses mandan un bloguero debe escribir mucho. Pero mucho, mucho. Ha de ser constante en el trabajo de actualizar el blog, ha de mantener fresco el sitio mediante una continua renovación de los artículos. Al menos dos entradas semanales es lo que manda la costumbre no escrita. En ese sentido este blog se erige en auténtico desastre.

Primer cumpleaños de Molinos Cibernéticos
Me quedo, no obstante y haciendo gala de mi célebre optimismo, con lo bueno. Aunque la media de comentarios por entrada es harto modesta, el número de visitas diarias es bastante más alto de lo que creí en un principio. Supongo que eso es lo que importa: que te lean, no que te comenten. Según las estadísticas de Blogger los navegantes se aproximan a estos páramos cibernéticos por muchos motivos, pero la mayoría de las veces buscan lo que se ofrece aquí dentro, sin equívocos. Eso ya un triunfo de mis molinos, aunque sea pequeño.

Lo admito, en más de una ocasión he estado a punto de echar el cierre. Soy un mal bloguero, me cuesta escribir entradas nuevas (por lo general el tiempo que saco para escribir lo dedico a la narrativa, que es lo que realmente me gusta, escribir libros). Sin embargo, al final me he decidido a continuar con mi labor cibernauta porque, al fin y al cabo, el sitio cumple con su función. Ser un escaparate de las cosas que me van publicando. Acercar mis obras a los lectores potenciales, e informar a la gente de lo que voy cociendo lentamente en la cocina de mi literatura. Y hablar de cuando en cuando de las obras de los amigos escritores, de las novelas de los demás. He sido muy honesto con las reseñas literarias: todos los libros que he alabado me han encantado, y aprovecho para aconsejarlos de nuevo, para exigir que se les dé una oportunidad. No hay aquí, salvo un par de excepciones, reseñas de libros grandes. Le pegas una patada a una piedra y te salen doscientas críticas de Juego de tronos, así que ¿para qué otra más? Esa es la línea que continuará llevando Molinos Cibernéticos en este futuro segundo año de su andadura: comentar obras menores de calidad probada que pasan desapercibidas para el grueso de los lectores de este país de pandereta y cultura enlatada. Hablar a voz en grito de la pequeña gran literatura y sí, de tanto en tanto aproximarnos a otros medios narrativos como el cine, el cómic, el videojuego o la música. Y reflexionar sobre literatura, cuanto más mejor, y siempre con la pasión de quien la ama por encima de tantas cosas.

Además, no podía abandonar a su suerte a mis pobres Molinos Cibernéticos. Es como ese zoológico que había que salvar a toda costa aunque fuera por la eventual fortuna de sus animales. Decido seguir, a pesar de los inconvenientes, de las trabas y las barreras, para regalarles a ellos al menos un año más de vida.

Así pues, ¡feliz cumpleaños, Molinos Cibernéticos!

27 abr 2013

De monstruos y trincheras, ya a la venta


Ya está a la venta mi nuevo libro, De monstruos y trincheras, que constituye el número 52 de
la editorial Espiral CF.

De monstruos y trincheras contiene la novela "La guerra de los sueños", una distopía onírica cuyo discurso versa sobre el poder de la imaginación, la manipulación de los poderosos y la búsqueda de la libertad. El volumen se completa con la novela corta "La penúltima danza del griwll", una parodia del género negro con estética pulp y grandes hipérboles literarias.

La primera presentación formal de este díptico narrativo correrá a cargo de la editorial y tendrá lugar en el marco de las Jornadas TerBi, el 4 de mayo, en el salón de actos de la asociación Bolunta de la calle Ronda, en el casco viejo de Bilbao. Juan José Aroz, editor de Espiral, presentará al autor, hablará del proceso de creación de la novela y ofrecerá unas pinceladas de la trama.

A continuación, un dossier informativo que incluye sinopsis, material promocional, enlaces a reseñas, noticias y entrevistas, etc.

¡Que lo disfrutéis!


DE MONSTRUOS Y TRINCHERAS

Suenan tambores de guerra. Los soldados avanzan con las armas en ristre, dispuestos a matar, dejando el miedo en las zanjas. Los tanques alzan su virilidad de cromo al cielo tiznado de nubes negras. Se abre el telón y comienza el baile más cruento de la humanidad.

La guerra de los sueños, novela épica coral de ambientación onírica y destellos filosóficos, describe un nuevo universo que se manifiesta a través de los sueños, así como el conflicto sangriento que origina su génesis. Disparatada e irreverente, La penúltima danza del Griwll es una parodia noir repleta de clichés premeditados que remeda el asalto a la fortaleza, el camino del héroe, las invasiones alienígenas y el terror de los estados totalitarios.

De monstruos y trincheras reúne estas dos piezas literarias cuyo denominador común es el conflicto, tanto psicológico como armado. Suenan tambores de guerra, una guerra en escenarios exóticos. Una guerra donde los contendientes, como en todas las guerras, son monstruos, a veces literales y a menudo bastante humanos.
 
 
De monstruos y trincheras

Espiral Ciencia Ficción, 2013
PVP: 15 euros
 
Rústica - 326 páginas
 
Ya a la  venta en librerías especializadas y en la web de la editorial.
 
La forma más rápida, cómoda y barata de pedir el libro es a través de este enlace. Lo recibirás en tu propia casa al precio mínimo y sin gastos de envío.
 
(prólogo de La Guerra de los Sueños)

 
 
 
Sinopsis de cada novela

La Guerra de los Sueños
CUANDO LOS SUEÑOS SE CONVIERTEN EN REALIDAD... SOLO CABE LUCHAR POR CONSERVARLOS.

El principio es tan simple como efectivo: una madrugada, dos niñas se despiertan habiendo soñado el mismo sueño. Y no son las únicas. Muy pronto toda la humanidad participa de una ensoñación común con tan solo cerrar los ojos. Es la génesis de Faeria, un universo por derecho propio, una telaraña onírica que se extiende por todas y cada una de nuestras mentes.

Pero el país de los sueños no tarda en agitar la sociedad del antiguo mundo a través de una notable diversidad de reacciones. Lo que para unos representa la oportunidad de cambiar las cosas, de alcanzar la felicidad en una tierra no cimentada sobre intereses económicos sino sobre el poder de la imaginación, otros lo ven como una amenaza para el statu quo. Y cuando las opiniones se radicalizan el conflicto es inevitable: grupos culturales y facciones políticas se acabarán enfrentando por el control de este nuevo feudo del hombre. Los hay quienes tratarán de manipular el sueño colectivo para servir a sus propios intereses, los que defenderán Faeria a toda costa… y quienes no cejarán en su empeño por destruirla.

El campo de batalla está servido. Las piezas se hallan dispuestas sobre el tablero, una pléyade de personajes escrupulosamente nivelados que entrarán en conflicto tanto en las calles del mundo real como en el más fabuloso de los escenarios; un universo donde reina la imaginación y el cual todo, absolutamente todo, es posible.


La penúltima danza del griwll
Así que es cierto, es posible vencer al miedo. Se puede esgrimir la rabia contra él para anularlo, se lo puede neutralizar al menos durante un par de horas. No necesito más, dos horas serán suficientes para lo que tengo que hacer. Y aquí estoy al fin, en la fortaleza de los temibles griwlls, tratando de dar el mayor golpe de estado de la historia de la humanidad, como miembro de un grupo de insurgentes integrado por soldados venidos a menos, policías alcohólicos, doctores en paro, gemelos taheños, bellezas ninja y hasta un robot. Los alienígenas nos rodean por doquier, aprieto el gatillo al tiempo que el esfínter porque no deseo enlodarles a mis anfitriones la alfombra de excremento sino de sangre. Y estamos muy cerca de conseguirlo, la Reina se halla al alcance de nuestras balas hinchadas de cerveza, pero lo que ninguno sabemos es que el nido de los dictadores encierra también un buen catálogo de secretos.

La penúltima danza del Griwll es una gamberrada literaria, una tragedia desenfadada, una disparatada e irreverente parodia noir que remeda el clásico asalto a la fortaleza inexpugnable y el camino del héroe, al tiempo que satiriza las historias de invasiones alienígenas y el terror de los estados totalitarios.

 
Material promocional de La Guerra de los Sueños


Ilustraciones de personajes

  
 
Enlaces externos (reseñas, entrevistas, reportajes…)


12 abr 2013

TerBi y Espiral CF

Hace dieciocho años, un grupo de siete u ocho aficionados se reunieron en el café Iruña del centro comercial Bidarte de Bilbao para tomar una copa juntos y charlar sobre literatura y cine de ciencia ficción, fantasía y terror. Algunos de ellos no se habían visto nunca. Contactaron a través de fanzines y convenciones en una época en que Internet, como medio aglutinador, aún era cosa del futuro. Aquel fue el origen de la TerBi, la Tertulia Fantástica de Bilbao, que a la postre ha acabado haciéndose tan grande que se ha convertido en uno de los pilares sobre los que se asienta hoy día el mundillo.

TerBiTras aquella reunión, y con el paso de los años, el número de asistentes creció tanto que tuvieron que ir actualizando el lugar de encuentro. De Bidarte pasaron a una cafetería de General Concha y de esta al amplio café Aroaldi, sede aún vigente. Actualmente los encuentros acogen a una treintena de personas, la TerBi se han constituido en asociación sin ánimo de lucro (Asociación Vasca de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror) y se hallan activamente presentes en los grandes eventos del género, como la Hispacón o la Semana Negra de Gijón. Además, organizan multitud de actos en pro de la fantasía, el terror y la ciencia ficción, como el concurso de relatos, la publicación de un fanzine cuatrimestral y unas Jornadas semestrales con charlas, mesas redondas, comidas y presentaciones de libros. Pero ya en aquella primera reunión de hace dieciocho años, mítica como el encuentro literario en la mansión de Lord Byron, estuvieron presentes algunos personajes que han acabado erigiéndose en grandes figuras del fandom: Ricardo Manzanaro, divulgador, escritor ocasional y actual presidente; Mariano Villarreal, responsable de la imprescindible web Literatura Fantástica o Juan José Aroz, editor de Espiral Ciencia Ficción.

Logo de la editorial Espiral CFEn esa primera reunión, Juan José Aroz reveló su modesto proyecto editorial con el número uno de la colección de Espiral CF. Aquel número inaugural venía presentado en una edición rudimentaria, anillada y basta pero con una maquetación y un saber hacer que solo podía derivar de una pasión y experiencia acumuladas a lo largo de muchos años dedicados a tan sana afición. Y quizá ese haya sido el secreto por el cual, dieciocho años después, Espiral Ciencia Ficción siga inmune a crisis y libros electrónicos, a modas y caídas de imperios literarios: la humildad en las pretensiones y el amor incondicional por el género. Y resulta cuando menos paradójico que una aventura editorial tan modesta haya acabado erigiéndose en uno de los puntales de la ciencia ficción de este país, en una fábrica de excelentes títulos que aguanta contra viento y marea las inclemencias económicas de los malos tiempos, que edita profesionalmente obras de una calidad admirable, que carga a sus espaldas la friolera de cincuenta y dos títulos y dieciocho años ininterrumpidos de edición, que se ha alzado con los más importantes galardones del género (cinco premios Ignotus, un Gabriel…) y que ha publicado a autores consagrados de la talla de Juan Carlos Planells, Gabriel Bermúdez Castillo, Sergio Parra o Domingo Santos.

La TerBi sigue creciendo como asociación: Sergio Llamas actualiza diariamente El rincón de Koreander, uno de los mejores sitios de la red dedicados a la literatura fantástica, mientras que escritores como Juan Moro, Álvaro Arreskurrinaga o Joseba Paulorena continuan produciendo geniales obras adscritas al género. Y mientras tanto, Espiral CF, como un pequeño gigante, sigue deleitándonos puntualmente con títulos maravillosos y demostrando que a la ciencia ficción, si tiene el entusiasmo por bandera, no hay quien la despeñe.

28 mar 2013

De monstruos y trincheras

Ya está en imprenta mi último libro, De monstruos y trincheras, que verá la luz dentro de un par de semanas de la mano de la editorial Espiral Ciencia Ficción. Constituirá el número 52 de la colección, y reunirá dos obras en un solo volumen: La guerra de los sueños y La penúltima danza del griwll. El libro constará de 328 páginas y tendrá un precio de 15 €.


De monstruos y trincheras, portada
Diseño de la portada: Koldo Campo
Suenan tambores de guerra. Los soldados avanzan con las armas en ristre, dispuestos a matar, dejando el miedo en las zanjas. Los tanques alzan su virilidad de cromo al cielo tiznado de nubes negras. Se abre el telón y comienza el baile más cruento de la humanidad.

La guerra de los sueños, novela épica coral de ambientación onírica y destellos filosóficos, describe un nuevo universo que se manifiesta a través de los sueños, así como el conflicto sangriento que origina su génesis. Disparatada e irreverente, La penúltima danza del Griwll es una parodia noir que remeda el asalto a la fortaleza, el camino del héroe, las invasiones alienígenas y el terror de los estados totalitarios. De monstruos y trincheras reúne estas dos piezas literarias cuyo denominador común es el conflicto, tanto psicológico como armado.

Suenan tambores de guerra, una guerra en escenarios exóticos. Una guerra donde los contendientes, como en todas las guerras, son monstruos, a veces literales y a menudo bastante humanos.

Varios sitios se han hecho eco de la noticia, desde la web de la propia editorial hasta blogs de la talla de El rincón de Koreander, la bitácora de la Terbi y redes sociales especializadas como Ficción Científica:

http://aroz.izar.net/nuestra-coleccion/proximo-titulo/index.php

http://elrincondekoreander.wordpress.com/2013/03/26/de-monstruos-y-trincheras-lo-ultimo-de-espiral-cf-ya-en-imprenta/

http://www.ficcioncientifica.com/books/view/de-monstruos-y-trincheras

http://terbicf.blogspot.com.es/2013/03/avance-del-nuevo-titulo-de-espiral-cf.html

La web de Espiral CF incluye gran cantidad de material promocional: un dramatis personae, una sinopsis de cada una de las novelas, un avance editorial con el prólogo de La guerra de los sueños e ilustraciones de seis de los personajes principales de dicha historia.

Para terminar, os remito a la entrevista que apareció en la página de Espiral con motivo de la publicación de esta doble novela:

http://aroz.izar.net/entrevistas/a-nuestros-autores/ramon-merino-collado.php

Que disfrutéis de todo este sugerente material.

27 feb 2013

La ley del trueno, de Sergio Mars

La ley del trueno, de Sergio MarsYa lo hemos comentado otras veces en Molinos Cibernéticos: actualmente la fantasía épica goza de una salud aceptable a costa de la originalidad, esto es, merced a unas fórmulas fructíferas repetidas hasta el cansancio. Fundamentalmente esas fórmulas pueden cifrarse, a lo largo de la historia reciente del género, en el remedo de dos producciones: la de J. R. R. Tolkien y la de George R. Martin. Las editoriales, temerosas de experimentos literarios, apuestan sobre seguro, y otro tanto ocurre con los propios autores. No es nada reprochable: las editoriales son un negocio y los pastiches venden; ¿para qué arriesgarse con una historia diferente, que puede o no funcionar, si con la enésima dragonada se tienen las ventas aseguradas? Y cuando algún valiente por fin se atreve a salirse un poco de tiesto en el fondo, al final acaba pecando en las formas. Puede que Rothfuss o Abercrombie, entre otros, constituyan aceptables tentativas por innovar, pero todas las alabanzas que merece su búsqueda de libertad narrativa acaban enturbiadas por el encorsetamiento a que someten al formato: voluminosas trilogías, cuando no directamente largas y pesadas sagas que generalmente adolecen de mucha paja. Es por ello que La ley del trueno, de Sergio Mars (habitual cosechador de premios Ignotus), publicada por Cápside en 2012, supone un auténtico vendaval de aire fresco entre tanto borreguismo literario, ya que el autor le da una vuelta a todo: a los escenarios y la narrativa imperantes, pero también al formato. La ley del trueno es una novela autoconclusiva de fantasía épica que transcurre en un mundo propio, y no hay más. En definitiva: pura valentía.
La novela narra los acontecimientos sociopolíticos que tienen lugar en una vasta y salvaje tierra fantástica en la cual el imperio fingardiano, trasunto del Romano histórico, agoniza supurando su propia decadencia, cuestión que aprovechan los enemigos del Estado para recobrar la libertad durante tantos años truncada. Pero ya desde el principio el libro deja claro que los personajes humanos, con todas sus pasiones, propósitos e ideales, son solo peones de poderes superiores que entablan una partida mayor. Mars no juega a los misterios sino que muestra a los titiriteros desde el mismo prólogo: el mundo que dibuja en su novela es un mundo donde los dioses son muy reales, aunque no sean divinidades omnipotentes sino limitadas, a caballo entre las grandes figuras grecolatinas y los espíritus kamis japoneses. La historia se estructura en tres líneas narrativas, correspondientes a cada uno de los dioses jugadores (Siobana, Wultan y Anther´a) y sus marionetas y avatares humanos, que se van trenzando en cada capítulo hasta conformar dos grandes actos de apoteósicos desenlaces donde confluyen muchas de las tramas desarrolladas con anterioridad. Hay batallas en La ley del trueno, grandes batallas narradas con una destreza narrativa admirable, pero también jugadas ladinas y elegantes, intrigas palaciegas, movimientos políticos, gestas imposibles, traiciones y alianzas, empresas fraticidas, nobleza y vileza, subterfugios, armas mágicas, enigmáticos ascetas, muertos vivientes y polvorientos estudios académicos. La novela reniega de la estructura del camino del héroe, tan recurrente en este tipo de narraciones, y también huye de cualquier atisbo de maniqueísmo: no advertiremos allí la enésima colisión entre el bien y el mal, sino grandes fuerzas espirituales enfrentadas desde la noche de los tiempos. Lo cual no es óbice para romper las tradicionales tablas, tan manidas en pugnas de fuerzas no dicotómicas: Mars riza el rizo trascendiendo de toda moraleja y equidad, declarando a uno de los contendientes como el absoluto vencedor (al menos hasta el doble final).
Puede que alguno se incline a pensar que trescientas cincuenta páginas resultan insuficientes para desarrollar una historia de tal naturaleza, tan rica en matices y de un género tan hinchado como el que nos ocupa. La fantasía heroica requiere de una dilatación narrativa que permita desplegar la épica en toda su magnitud (por eso los videojuegos del género triplican la duración de cualquier otro, y por eso el volumen de algunas sagas es hasta cierto punto justificable). Con La ley del trueno, Mars viene a desmentir el cliché: sí que se puede componer una historia épica en poco espacio. ¿Su secreto? Controlar hasta el último detalle del ritmo secuencial de la narración. Empezando por iniciar el relato en un estadio avanzado del conflicto, pero también dedicando a la historia las palabras justas, sin necesidad de añadidos ambientales que empañen lo que se cuenta o nos desvíen de lo realmente importante. La novela no es, sin embargo, una larga retahíla de telegramas literarios. La prosa es preciosista, lírica pero de algún modo también sucia, ajustada como un guante al drama narrado y al escenario, entre cruel y glorioso. Además el autor lentifica la acción cuando lo cree conveniente, introduce diálogos que nos acercan a los personajes, utiliza el discurso introspectivo para ahondar en las motivaciones y fobias de los actores de este gran teatro épico. Pero incluso en las escenas más pausadas hay una pulcra medición del pulso narrativo. Eso sí, para condensar una historia grandiosa en tan poca extensión siempre debe renunciarse a algo, y en esta ocasión lo sacrificado es la profundización de los personajes, lo cual no significa que carezcan de una delineación más que correcta, sino que, simplemente, se hallan despojados de excesivas dimensiones. Pero no estamos ante una historia de personajes sino de hechos, de grandes gestas: una partida de ajedrez donde importa más el todo, la propia partida, que cada una de las partes, las piezas y jugadores del juego.
En cuanto a la ambientación, Sergio Mars la declara heredera de Robert E. Howard (y alejada en todo lo posible de Tolkien, lo cual es muy cierto), hecho que se evidencia mayormente en la rudeza de los escenarios. Mars se salta con descaro el clásico medievalismo imperante en la literatura de género (otro ejemplo de cómo el autor se desprende del camino fácil) para perfilar su universo fantástico en una época muy anterior, estableciendo más de un paralelismo con la era Hyboria: grandes pueblos bárbaros, clanes nómadas, ciudades donde la civilización ha cuajado en sus rasgos más oscuros (el refinamiento de la crueldad), tribus primitivas… No hay razas fantásticas en las regiones de La ley del trueno aunque sí magia, pero no es una magia de espectáculos de luces y grandes poderes sino una magia sutil, negra, magia susurrada en las mazmorras, nigromancia, hechicería de lo oculto, talentos malditos, brujería de los muertos y de las sombras. Los zombis, uno de los pilares de la maquinaria narrativa, se remontan a su vertiente primaria; y no me refiero a Romero sino a un clasicismo aún más seminal: la reanimación de los cuerpos a través del vudú haitiano. Por otro lado, es curioso que la novela maneje tranquilamente una docena de personajes con peso en la trama y ninguno de ellos sea femenino, lo cual la acerca aún más a los mundos descritos por Howard; en este punto me atrevería decir que hasta los acentúa. Por todo ello, La ley del trueno no solo bebe de las fuentes literarias anteriores a El señor de los anillos, es decir, de la espada y brujería más clásica, sino que además las homenajea con fantásticos resultados, pues sospecho que no solo de Howard se alimenta la novela. Yo al menos percibo destellos de Leiber e incluso de Moorcock (la conquista de Cefingard, en el ecuador del libro, tiene visos de la caída de Melniboné). Y por último, no podemos obviar que La ley del trueno, como se apunta acertadamente en otras reseñas, puede juzgarse una modernización de la Ilíada homérica, con toda esa plétora de divinidades jugando con el destino de los mortales que en la obra de Sergio Mars se reducen a tres. Aunque no es exactamente una modernización, pues su sorprendente final la escinde definitivamente del poema clásico.
Para terminar, y aunque no suelo mencionar el continente de los libros salvo en casos muy drásticos en ambos sentidos (horribles o preciosísimas ediciones), cabe señalar el perfecto acabado físico de la novela dado que constituye la carta de presentación de la joven editorial Cápside, un debut que aprueba con sobresaliente en todos los aspectos. Estamos ante una muy cuidada edición en cartoné con solapas, heredera de la colección Albemuth de Grupo Ajec (donde Sergio Mars ha publicado la mayoría de sus anteriores libros), con papel y cubierta de calidad, maquetación profesional y un estupendo precio anticrisis. Hasta me gusta la ilustración de la portada; cuando la veía en Internet no me convencía para nada, pero de cerca gana mucho, y el color directo aplicado sobre el lápiz, sin entintado de por medio, le otorga cierto grado de áspera tosquedad y le da un aire de péplum que casa muy bien con el contenido del libro.
 
Sergio Mars lo ha vuelto a conseguir. Demuestra que es capaz de tocar varios palos, y que en todos ellos lo hace rematadamente bien.
 

14 feb 2013

Tetrammeron, de José Carlos Somoza

Tetrammeron, de Jose Carlos SomozaHoy os traigo un libro que se presenta dentro de una caja de color caoba con una cerradura en el centro. O tal vez no es color caoba sino rojo, rojo erotismo y rojo sangre, aunque puede que también azul abismo, negro umbría y blanco abandono. Tetrammeron (Seix Barral, 2012), la undécima novela de José Carlos Somoza, es una de las más extrañas, inquietantes y maravillosas que he tenido el placer de devorar este año. Se trata de mi primera incursión al universo oscuro de este autor, y con ella me ha ganado para siempre. Como la protagonista de la novela, yo ya he dado un paso que se me hace imposible deshacer.
 
Me siento al ordenador y las ideas se me traban en la mente. Por primera vez me cuesta horrores arrancar una reseña. ¿Cómo describir la desazón, la atmósfera opresiva, la belleza de la maldad, la inocencia mutilada, la devastación de la niñez? Respuesta: no se puede. Para acceder al mundo de Somoza, no hay otro camino que leer a Somoza.
 
Tetrammeron narra la historia de la niña Soledad, o de los últimos instantes de Soledad en cuanto niña. Durante una excursión del colegio atraviesa una puerta que no debe, la puerta del sótano de una iglesia; una puerta prohibida que la conduce a todo un cosmos de prohibiciones contenido en una habitación subterránea y regentado por cuatro misteriosos cuentacuentos. Así comienza un perturbador descenso al abismo de marcado carácter sexual en el que los cuatro alegóricos personajes van despojando a la niña de tal epíteto al tiempo que la sustraen también de sus ropajes, cuento a cuento, palabra a palabra, puñalada a puñalada. Toda infancia se aboca irremediablemente a su propia destrucción, parece revelarnos Somoza. Destrucción con renovación en forma adulta, pero destrucción al fin y al cabo, dolorosa y temible. Irreversible.
 
El título de la novela, Tetrammeron, refiere en línea recta al Decamerón de Bocaccio. Su estructura es similar: historias engarzadas en un hilo narrativo común. Sin embargo, sospecho que su inspiración no hay que buscarla en la obra magna del humanista italiano, no al menos de forma directa, ya que su verdadera referencia parece ser El círculo de Jericó de César Mallorquí (una de las mejores antologías de autor único jamás publicadas en castellano). Los elevados paralelismos entre ambas trascienden toda casualidad, más aún intuyendo que ambos autores se conocen. Así y todo, Tetrammeron no se limita a ejercer de mero pastiche, sino que parte de la idea general de Mallorquí para crear algo distinto (no mejor ni peor; solamente distinto). Por ejemplo, tanto El círculo de Jericó como el Decamerón o Los cuentos de Canterbury constituyen antologías de relatos, mientras que el Tetrammeron es sin duda una novela, un rosario narrativo hilado de pequeñas cuentas interrelacionadas. Los relatos no funcionan del todo solos, sino como parte de un conjunto. Es al irlos leyendo y establecer las conexiones cuando uno va exhumando el significado global. Historias en apariencia muy distintas se revelan conectadas, como "La decoración", "La boda de la señora Boj" y "Corpus Christi" (tres de los mejores cuentos), en las cuales se acomete el tema del sacrificio desde una perspectiva cada vez más radical. O "El espíritu Curie" y "Partículas", donde se descubre lo grande e indestructible que es el mal precisamente por ser diminuto, tan minúsculo que se halla injertado en todas las cosas, que forma parte intrínseca del universo; también del universo personal, tanto físico como emocional, de cada uno de nosotros.
 
El mal, ese es el tema principal de la novela. El libro ahonda en la naturaleza del mal, el mal como necesidad, el mal como juego, el mal como capricho y, por supuesto, el mal como filia y erotismo. Cada cuento aborda una de las caras de lo maligno, y todos ellos juegan con el recurso emotivo de enfrentar el mal con la antitética figura de la infancia, tan frágil e inocente. Lo cual podría denunciarse como una trampa fácil en manos de un autor con menos recorrido, pero Somoza es un maestro que renueva los clichés con una pátina de extrañeza, sordidez, tinieblas, sensualidad, delirio. Para alcanzar tales proezas, Somoza se vale del símbolo. No presenta los hechos e ideas tal cual, sino que los esconde bajo un tupido sudario de simbología. La novela, ya caja y rosario y braguita y diagnóstico de lo perverso, puede definirse asimismo como una extensa colección de símbolos, no paralelos sino jerárquicos, símbolos dentro de símbolos dentro de símbolos como los cofres que la novela nos anima a abrir en un juego metaficcional de matrioskas literarias. Cuentos dentro de cuentos dentro de cuentos… Pura delicia abisal.
 
La novela, para colmo de alabanzas, goza de otras muchas virtudes. La atmósfera, ya se ha insinuado, es sugerente, angustiosa, lasciva y terrorífica, uno de los grandes puntos fuertes de la obra y casi excusa suficiente para leerla. Tetrammeron también tiene el acierto de glorificar la tradición oral al tiempo que la retuerce y la emponzoña. Su estilo, además, me ha resultado un tanto curioso (otro aspecto que me ha sorprendido de la novela), porque de algún modo es extremadamente sencillo y subrepticiamente complejo. Fluye con elegancia musical y me atrevería a decir que casi con facilidad de best seller, y sin embargo no escatima en pasajes líricos y frases demoledoras que son como mazazos en el corazón o vértigos en el estómago.
 
Concluyo con un principio, con el de uno de los cuentos, y ya me diréis si no recibís vosotros también ese vértigo o mazazo:

«Allí, en Cavennes, hay historias. En todos los pueblos las hay, pero en Cavennes hay tantas y tan fantásticas que cansan a la verdad, la derrotan por agotamiento. Uno acaba creyendo que la verdad y la mentira no existen en Cavennes. Porque, allí lo saben, ambas son solo dos historias más, intercambiables, y cuando pasa el tiempo suficiente, incluso igual de verídicas.»

5 feb 2013

Los marcianos sinfónicos de Jeff Wayne

 
Los marcianos de H. G. Wells se imponen al resto de conquistadores espaciales fundamentalmente por dos motivos: porque son los originales y porque son los mejores. Siendo indulgentes con la ingenuidad del planteamiento, literariamente no encuentran parangón con ningún invasor posterior. Además, tienen la virtud de haber conquistado la Tierra en un sinnúmero de formatos. Empezaron haciéndolo desde la misma literatura en la fundacional La guerra de los mundos (1898), de la mano de H. G. Wells, el padre de las criaturas. Después hallaron la forma de colarse en nuestros transistores gracias a la versión radiofónica de Orson Welles, quien en 1938 decidió perpetrar una de las gamberradas más célebres de la historia de los medios de comunicación: narrada desde una óptica periodística, la adaptación de Welles convenció a muchos radioyentes de estar siendo invadidos de verdad por los tipos del espacio [*]. No contentos con todo esto, los marcianos se colaron en Hollywood y sirvieron de materia prima para el rodaje de dos películas dirigidas por Byron Haskin y Steven Spielberg (1953 y 2005, respectivamente), descontando la versión de Asylum. Más adelante resolvieron dedicarse a las matemáticas y sumaron dos y tres al arte cinematográfico para asentarse en el cómic y el videojuego (cabe destacar el segundo tomo de La liga de los hombres extraordinarios de Alan Moore). Obras de teatro, espectáculos y homenajes literarios, como El mapa del cielo de Félix J. Palma, fueron también campos de ocupación para ellos. Por último, los marcianos conquistaron el escenario musical en una adaptación orquestada en 1978 por el maestro Jeff Wayne, postrero de una larga dinastía de artistas.
Una de las láminas que acompañaban al vinilo
Si bien fuera del mundo anglosajón su fama no fue demasiado notable, Jeff Wayne's Musical Version of The War of the Worlds constituye uno de los trabajos de rock sinfónico más emblemáticos de la historia. Se trata de una de esas grandes obras, llenas de poesía y majestuosidad, que no trascienden a los campos de lo popular y acaban como piezas de culto, muy aclamadas entre los musicólogos y melómanos aunque desconocidas por gran parte del vulgo. Este doble álbum de Jeff Wayne resulta tan ecléctico que se lo ha clasificado con muchas etiquetas, desde banda sonora hasta ópera rock, pasando por musical, fusión, electrónica o rock sinfónico, y ciertamente hay algo de todo eso (aunque de banda sonora tenga poco [**]). Se trata de un disco épico y potente, rebosante de recursos experimentales y casi vanguardistas para el panorama musical de los setenta, con una soberbia orquesta sinfónica, un empleo medido del sintetizador y bastantes efectos especiales. Pero la base instrumental del disco sigue siendo el rock, es decir, guitarras (con un pedal fantástico), batería y un bajo que cobra un protagonismo absoluto en algunos tramos. Un rock auxiliado, eso sí, por vientos, cuerdas y teclados.
En cuanto a su valor narrativo, estamos sin duda ante una de las más fieles adaptaciones de la novela. La música se acomoda perfectamente a la narración. La guerra de los mundos de H. G. Wells no es la excusa para montar un espectáculo musical de tal magnitud; realmente constituye la esencia del disco. Hay espacio en la música para el terror, la incertidumbre, la desolación y la esperanza. Los temas que describen a los marcianos son realmente inquietantes, tan alienígenas como los propios marcianos, y el clásico ulular descrito en la novela (el celebérrimo u-la!) ha sido musicalmente adaptado hasta conformar un leitmotiv recurrente que evoca a la perfección la naturaleza extraña y monstruosa de los visitantes. El primer disco, más instrumental, se centra en la llegada de los marcianos, mientras que el segundo narra los acontecimientos de una Tierra en poder de los trípodes y la maleza roja. Cabe destacar las geniales interpretaciones, tanto recitadas como cantadas, de los colaboradores de Wayne, músicos y artistas de la talla de Julie Covington, Phil Lynott, David Essex y Justin Hayward, así como la estrella del celuloide Richard Burton (quien participa en el disco en el papel del periodista narrador). En España se lanzó, además del álbum original, una versión en castellano, narrada por el actor Teófilo Martínez. Personalmente, el trabajo de Martínez me parece magnífico, pero la alternancia entre las partes narradas en español y las cantadas en inglés no termina de cuajar. Así y todo, como curiosidad merece la pena escucharlo.
Trípodes atacando el Londres victoriano
No exagero cuando afirmo que Jeff Wayne´s War of the Worlds está entre mis álbumes preferidos de todos los tiempos. Comparte podio con trabajos de la talla de The Wall, de Pink Floyd, con el que guarda ciertas similitudes (ambos son álbumes conceptuales de rock sinfónico). Pero la obra de Jeff Wayne no solo tiene importancia para quien suscribe. A pesar de no colarse del todo en los páramos de la cultura popular, obtuvo numerosos galardones, permaneció durante años en los primeros puestos de las listas de ventas del Reino Unido y su nueva versión, The new generation (2012), la ha catapultado de nuevo al punto de mira de propios y extraños [***]. No ha sido la única, ya surgieron relanzamientos en 1982 (Higlights, versión corta con ediciones de radio), 2000 (ULLAdubULLA, un conjunto de remixes) y 2005 (Collector's Edition, una colección completa de siete discos con los temas originales y muchísimas versiones y rarezas), todos ellos acompañados de las magníficas pinturas de Geoff Taylor, Peter Goodfellow y Michael Trim, quienes supieron ilustrar los temas con un aire perfecto entre pulp y victoriano. Sin embargo, The new generation tiene la virtud de ser la primera versión verdaderamente nueva desde 1978, ya que todos los temas han sido regrabados, se les ha añadido efectos, se ha depurado el sonido, se han incorporado nuevos músicos y artistas (con Liam Neeson sustituyendo a Richard Burton), han vuelto a diseñarse las ilustraciones… Quizá esta versión moderna y más electrónica no era necesaria, ya que la inaugural sigue sonando tan actual y vigente como si acabara de componerse. Pero a los frikis de Jeff Wayne nos encanta que haya una producción nueva que refresque la leyenda. Después de todo, su intención no es sustituir a su predecesora: siempre podremos volver al clásico cuando nos apetezca.
Con Jeff Wayne's Musical Version of The War of the Worlds, mítico doble álbum que pasará a la historia de la música como la obra maestra que es, los marcianos de H. G. Wells ya pueden darse por satisfechos. Han conquistado la Tierra tantas veces y en tantos formatos que pocos les quedan por probar. ¿Alguien se anima con una versión poética o una performance?
 
* Menos conocida pero mucho más traumática fue la emisión radiofónica de La guerra de los Mundos en Quito, la capital de Ecuador, donde la enfurecida masa arremetió contra los estudios emisores del falso reportaje con palos y piedras, hasta el punto de prender fuego al edificio y provocar nueve muertes en los disturbios.
** Aunque a finales de los setenta hubo una reedición del filme de 1953 con la música de Jeff Wayne integrada, lo cierto es que el álbum que nos ocupa constituye un trabajo musical independiente, ajeno a la industria cinematográfica, que bebe directamente de la fuente literaria. Siendo poco rigurosos, podría considerarse a Jeff Wayne´s War of the Worlds como la banda sonora de la novela original de Wells.
*** En 1975, un jurado al cual pertenecían los cineastas Steven Spielberg, George Lucas y Alfred Hitchcock señaló el trabajo de Jeff Wayne como la mejor producción musical de ciencia ficción de todos los tiempos.
 

25 ene 2013

The show must go on

El Teatro de los Prodigios en Internet (II)

 
Damas y caballeros, niños y ancianos, el Teatro de los Prodigios sigue de gira por los más excelsos escenarios y carpas de la red de redes, asombrando a propios y extraños, llevando el sentido de la maravilla allá donde no llega ni la luz (¿será cosa de Endesa?). Y aquí, en Molinos Cibernéticos, seguimos compilando reseñas, entrevistas y reportajes relacionados con tan magno espectáculo. Los molinos están contentos, sus articulaciones mecánicas chirrían y sus venas eléctricas chisporrotean de placer al comprobar las excelentes críticas que el Teatro está cosechando entre sus espectadores. Pasémosle la lupa a algunas de ellas: 

En The Church of Horrors, portal de excelente factura, han publicado una entrevista del maestro de ceremonias y autor del Teatro de los Prodigios, Ramón Merino Collado (en realidad es algo antigua, pero la han colgado ahora):


En el imprescindible Rescepto Indablog, referente indiscutible de la literatura de género, el incombustible Sergio Mars, célebre por su honradez y ecuanimidad como reseñador así como por su excelente capacidad de análisis, ha publicado una genial y razonada reseña del Teatro:


También podemos acceder a otra reseña En Masqueteclas, el blog de José Manuel Ramírez, informático, fotógrafo y devoralibros ocasional. Masqueteclas, entre otras cosas, es un blog con unos contenidos informáticos estupendos; A J.M. se le advierte su vena docente cuando asombrosamente convierte en fácil lo difícil.


La Torre de Babel, uno de los blogs más interesantes de la blogsfera (reseñas razonadas de literatura fantástica, no exentas de un componente visceral que les da un sabor único), ha publicado una entrevista muy amena de Ramón Merino Collado, el responsable máximo de nuestro Teatro de los Prodigios:


También en la Torre de Babel, sitio mágico que os sigo recomendando, podemos acceder a una reseña muy literaria de nuestros nueve actos teatrales:


El Camaleón Azul es otro blog de lectores altamente recomendable en el que se aborda la literatura con mucha pasión y respeto por los libros. Allí también han colgado una reseña favorable del Teatro de Prodigios:


Para terminar, recordamos algunos de los primeros reportajes, reseñas y entrevistas de nuestro espectáculo teatral en este enlace:


Gracias a todos, como siempre, por llenar el Teatro y aplaudir con tanto ahínco a los actores de esta mágica función.