9 jun. 2014

Palabras en el limbo

Dos años hace ya que Molinos Cibernéticos comenzó su andadura por estos senderos virtuales. Algo más de dos años, que nos hemos dejado caer por aquí para hablar de cine y cómics, de premios y noticias, de videojuegos y poesía, de alegrías y tristezas. Y sobre todo, por encima de todo, de libros. De literatura, de la buena y de la más modesta. Del poder supremo de las palabras. Hemos reflexionado acerca de un buen puñado de temas, de obras y autores, del desamor y la soledad, y también hemos espiado las convenciones del fándom. Hemos tratado de desentrañar el misterio de la vida, la estructura de la idiotez, la relojería del arte. Sin mucho éxito, como era de esperar, pero como suele decirse, lo importante es el camino.

El sueño de PinochoEl camino. Sigue y sigue, desde la puerta. Hasta el infinito y más allá. Es tan largo como la imaginación, y por eso se jalona de zonas de descanso. Porque de cuando en cuando precisamos descansar. Y ha llegado el momento de hacerlo, de hacer un alto en el camino. No vamos a demoler el chiringuito, pero sí cerraremos temporalmente: el alma necesita darse un respiro. Mi vida es ahora una vorágine de aventuras y sentimientos, y el corazón se me está volviendo loco. No es Molinos Cibernéticos quien está en obras, sino yo. Un blog se alimenta de palabras, y las palabras no me salen, están congeladas en el limbo. Tengo la cabeza ocupada en mil cosas y el alma en el taller de reparación, y ya apenas encuentro tiempo para darle al teclado. Pero esto no es una despedida, es solo un hasta luego. Cuando tenga cosas que decir, las diré. Cuando tenga tiempo de escribir, no solo una entrada de bitácora, que ya es lo de menos, sino las peripecias de un cuento o el manuscrito de una novela, me pondré a ello. Y será pronto, porque aunque las palabras estén en el limbo, las amo tanto que no puedo vivir sin ellas. Así que volveremos, tarde o temprano lo haremos, mis Molinos y yo. Con fuerzas renovadas, y con la misma ilusión con que se inició este pequeño rincón de la blogsfera.

Mientras tanto, dejemos que los Molinos Cibernéticos, con sus dos añitos, rompan sus filas mecánicas y sueñen el sueño de Pinocho. Que se vayan de vacaciones envueltos en una quimera de carne. Creo que se lo han ganado.

Y los demás, ¡sed felices y hasta muy pronto!